El momento en el que empezó el 15M

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De cómo empezó el 15M me enteré hace muy poco. Y no me refiero al hecho de cómo un grupo de gente decidió quedarse en la plaza tras la manifestación del día 15. El 15M no fue una mera innovación táctica en las estrategias políticas por el hecho de acampar en una plaza. El acontecimiento 15M fue una transformación de la política misma. Por supuesto, la decisión de acampar fue el detonante y, ciertamente, al hacer propia la experiencia de Egipto esa acción política se inscribía en una dimensión global distinta a la de los movimientos anti-globalización. Pero la transformación política no vino por la ocupación de un espacio público (vieja táctica) ni por la toma de palabra horizontal de las asambleas (vieja práctica). Al fin y al cabo, ¿cuántos gestos políticos similares habían hecho aguas a las pocas horas a lo largo de estos años? La dimensión de lo acontecido parece difuminar lo que hubiese sido lo más probable: que el pequeño grupo que decidió quedarse hasta las elecciones hubiese sido absolutamente ninguneado y el gesto se hubiese visto mermado en fuerzas con los días y las obligaciones.

De cómo empezó el 15M me enteré viendo el documental de Stéphane M. Grueso, porque allí me di cuenta de que el 15M empezó con una sencilla frase. Y no fue la de decidir mantener la acampada hasta las elecciones, sino la que vino un poco después. Tras tomar la decisión de quedarse y organizar la primera asamblea, se propuso empezar a hacer un llamamiento para que otras plazas pudiesen hacer lo mismo. La acción, concebida como un gesto político, se ponía en marcha. Sin embargo, lejos de intentar convencer a los dudosos apelando a la necesidad de un gesto fuerte, contundente y unánime, lo que dijo quien sostenía el megáfono en ese momento fue lo siguiente: «los que no os podáis quedar esta noche a dormir pero os podéis quedar un rato a acompañarnos y hacer fuerza también sois muy bienvenidos». Creo que esa sencilla frase es la que inaugura el 15M. Obviamente, no por la frase en sí, sino por el modo de implicación política que se vislumbra a través de ella: los que se quedaron aquella primera noche no solo concibieron la acampada como una acción que había que realizar, sino como un movimiento que había que sostener.

Ese pequeño desplazamiento resituaba todas las dicotomías que solía crear el discurso de acción política habitual: los que están/los que no están, los que actúan/los que no actúan, nosotros/ellos, adentro/afuera, conmigo/contra mí. Al romperse esas dicotomías, se abría un espacio inclusivo donde lo importante ya no era tan solo «estar allí» en la «acción» -la acampada, en este caso, entendida como la medida de fuerza de la acción colectiva-sino también sostenerla. La relación entre la «acción política» y los sujetos de esa acción quedaba modificada. Los sujetos ya no se definían políticamente por la acción colectiva (los que «pueden estar» y los que no) sino por sus acciones para hacer vivir ese acontecimiento. Se trataba de preguntarse «qué puedo yo» desde mi situación, desde mi lugar. Quienes no podían estar (por tener que ir a trabajar, personas a su cargo que atender, etc.) no solo no estaban excluidos sino que seguían siendo protagonistas. Y desde esa perspectiva, podían hacerse mil cosas: hacer circular y crecer el acontecimiento en las redes sociales, acercarse a la plaza algunas horas, llevar comida, mantas, tanto como ideas y propuestas, hablar de ello en el trabajo, con los amigos, o seguir las asambleas por streaming si era imposible acudir. Muchos se sintieron absolutamente parte activa de ese acontecimiento sin poder pisar la plaza un solo día.

Ese pequeño gesto inauguraba también un nuevo modo de politización. Unos sujetos políticos que no pueden ser «representados» porque para ellos la política ha dejado de ser ese conjunto de decisiones que unos pocos toman en representación de otros. Política es cualquier situación cotidiana en la que se ponen en juego los principios que sostienen la vida en común. Una politización que no marca un nosotros antagonista sino una situación antagonista ante la cual no hay nada que representar porque, en tanto que ya estamos implicados, de lo que se trata es de actuar, de emprender acciones con otros para cambiar esa situación. Ya no se trata de sujetos «revolucionarios» que como una masa homogénea realizan una acción conjunta, sino de sujetos «revolucionados» que transforman con sus acciones las situaciones que viven. Unos sujetos para los que la política se sitúa ahora en aquello que articula la vida en común. Y ante la cual, cualquier situación de «indignidad» es, por el mero hecho de existir, prueba del fracaso de ese común y exigencia de su transformación.

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Ir a la guerra

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Carta a un amigo de identidad oscurecida:

Mira que te tengo cerca […] pero no te he comentado nunca que desde que empezó lo de Siria, mi pareja me ha advertido más de una vez, con neurótica devoción (y adorable, y tal vez un pelo machista), que si empieza una guerra yo no voy a ir. Que lo tenga bien claro, tú de aquí no te mueves.

No lo repite como un mantra, pero últimamente, con este asunto de Ucrania, la advertencia se ha ido destiñendo de chanza, y la última vez lo dijo sin mirarme a la vez que se levantaba del sofá y escapaba del alcance del televisor que en ese momento mostraba una amago de reyerta chunga entre ucranianos y soldados de Putin que no son soldados, tovarich, son gente disfrazada de verde jugando al paintball con balas de plastilina, que nadie se ponga nervioso.

Yo la tranquilizo. Le digo que no habrá guerra y que, si hay, yo no iría de ninguna de las maneras. Y no solo por miedo, no porque las guerras de sable en mano acabaron hace tiempo, sino porque no responderíamos a la llamada. Habría que decirlo de otro modo: si el Estado Español de Reino de España convocara al país civil a las armas, estoy convencido de que la disidencia sería lo general.

Pero, ¿y el estado de excepción, la ley marcial, la cárcel o todo lo que constitucionalmente aplique? Te habrás fijado […] que desde hace tiempo no hay gobernante ni rey que nos interpele, y que desde hace aún más tiempo (¿desde Lutero?) tampoco tótem ni Dios. Y es cierto que aún estamos pendientes de resolver los problemas que derivan de esa ausencia metafísica, pero si Putin se vuelve definitivamente tarumba habría que celebrar el lado bueno de estar viviendo una individualidad desamparada.

¿Por qué especulo sobre estos desastres […]? ¿El hábito de fabular que relincha? ¿Un trauma, una forma de hipocondría? Ayer escuché en una charla de gente muy lista y loca que imaginar escenarios límite (una guerra, un estado de excepción) sirve de oportuno contraste para superponerlo como plantilla y poder radiografiar las cosas, ver lo que no veíamos, y por tanto tener datos, decían. O de otro modo, digo, crear conceptos. Conceptos para poder hacer cosas en el sentido que más te excita.

Pero qué te estaba diciendo. Sí, la soledad. Sin más ingredientes en la ecuación tal vez nos tiraríamos como garrapatas al primer perro que pasara por debajo. El otro día leí eso de que en mil novecientos bastante el fascismo pasaba por allí en el momento justo, que resolvió el vacío axiológico creando una identidad dios-estado-sujeto-nación y para favorecer la adhesión al club creó cabezas de turco. Y lógicamente hubo cantidad de gente que se hizo fan. Y decía que los peligros de esto aún no se han disipado, que al no haberse solucionado la cuestión de ese vacío, el germen de aquel desmán colectivo seguía existiendo hoy. Eso entendí.

No sé cómo lo verás tú. Pienso que lo que nos permitiría esquivar una locura semejante no es solamente sentirse cosmopolita, o la certeza de que hoy ningún pollo de estos, ninguna caterva de dirigentes, quiero decir, está legitimada para empujar a la gente al horror invivible. Lo que me tranquiliza […] es saber que nunca en nuestra joven vida habíamos estado tan preparados (colectivamente) para desobedecer (individualmente), para reconocer la diferencia entre la legalidad y la legitimidad, entre la ley y lo justo. Eso por un lado. Pero lo que realmente me aproxima ahora, en esta exagerada cadena de conjeturas, a la emoción de ojos enrojecidos y la nariz taponada (no te rías, […]; bien sabes que con el patinaje artístico me pasa lo mismo) es saber que no estaríamos solos. A mi sentir, eso fue uno de los grandes cambios que acontecieron hace casi casi, mira por dónde, tres añitos de nada. Antes la sensación de soledad era general. Desde entonces esa sensación ya no existe. Es imposible. Potencialmente se puede hacer cualquier cosa. (Sí, potencialmente; no te pongas chinche que estoy sensiblón…)

Esto tampoco lo hemos tratado, pero hace tiempo me emperré en alarmarme sobre las consecuencias que podría tener una eyección solar dirigidita a la Tierra, fenómeno que, a pesar de que Iker Jiménez también se haya ocupado de señalarlo, según las estadísticas entra dentro de lo posible. Yo espero, yo digo, que si un desastre así nos deja sin manera alguna de comunicarnos telemáticamente, a poco las horas pasaran y supiéramos que nuestras madres están vivas y bien, comenzaría una peregrinación a Sol. Habría que arreglar rapidito lo de la unanimidad, pero por ahí empezaríamos seguro. Para encontrarnos, para buscarnos, para ver qué hacer. Me da que el nuevo tótem de la humanidad, nuestra cosa común que aún fabricamos, nuestro lazo convocante, nuestra antidivinidad requerida, es en el fondo una Forma de Solidaridad. Y cómo la construimos y cómo la conservamos, es la cuestión de las cuestiones, ¿no?. […]

Así que por esto mi convencimiento de que si alguien intentara mandarnos a la guerra sería imposible que mano alguna nos arrancara del suelo. Y no tanto por cruce de fuerzas sino porque para la mano seríamos fantasmas, o para nosotros la mano sería fantasma. Y también te digo que si alguien lo intentara se revelarían de manera evidente y sorprendente muchas cosas de esas que dicen que no están, que no sirven de nada, pero que, subterráneas, como dice un homónimo del que alguna vez te he hablado, están cambiando el mundo. En todo caso, Putin no lo quiera, claro. Putin o algún reciente Nobel de la Paz, vete a saber.

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Relatos de una muerte en la frontera

La vallaHa vuelto a pasar, ocho años y medio después: asesinatos y deportaciones en la frontera sur de Europa de personas cuyo único delito fue soñar con una vida mejor y creer que Europa era un buen lugar para construir ese sueño. Por eso este relato de los sucesos de 2005, construido a partir de las voces de los protagonistas, cobra una rabiosa actualidad.

Lo escribió Pilar Monsell, componiendo una narración a través del corta y pega y la edición de los mensajes que esos días circularon de móvil a móvil: los remitentes, personas que habían intentado cruzar la frontera y habían visto morir a sus compañeros, personas que consiguieron cruzar y otras que fueron deportadas; los destinatarios, amigos y amigas a uno y otro lado de la frontera, la singular comunidad de Indymedia Estrecho.

Una lectura fundamental frente a la cosificación de “El inmigrante”.

Descárgalo aquí

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Carta de la madre de un detenido en la #CazaDeBrujas del 28N

Vecina recrimina a los policías la violencia empleada en la detención de una chica por apoyar a sus amigos detenidos en frente de la comisaría de Moratalaz la noche del 28N. Foto de Olmo Calvo.

Vecina recrimina a los policías la violencia empleada en la detención de una chica por apoyar a sus amigos detenidos en frente de la comisaría de Moratalaz la noche del 28N. Foto de Olmo Calvo.

“Soy la madre de uno de los chicos que en la madrugada o en la mañana del jueves 28 sufrió la detención de su hijo. Yo no lo presencié porque la brigada de información esperó a que me marchase. Mi marido entregó a mi hijo después de pedir la identificación a los agentes. ¿Qué había hecho? Se lo llevaron esposado atravesando toda la calle, observado por todos los vecinos.

Mi marido se personó en la comisaría de Moratalaz, conocida como el Guantánamo madrileño.

No le dieron ninguna información pues se trataba de algo confidencial. Mi marido empezó a dudar sobre quién se habría llevado a su hijo de 21 años.

Tras horas de angustia y después de una concentración (dispersada tras una carga de los antidisturbios) de varios colectivos frente a la comisaría nos fuimos a casa sin saber nada.

Después vimos en el ABC un vídeo en el que los detenidos desfilaban por un patio escoltados por diversos agentes policiales. Mi hijo nos contó que les hicieron desfilar hasta llegar a un muro sin salida.

No entiendo el objeto de este “paseíllo” y sí, recuerda tristemente a Guantánamo. Aún menos entiendo su divulgación en la web de ABC y tampoco entiendo las declaraciones en el Twitter de la Delegada de Gobierno (que está de baja) a propósito de “los delincuentes con antecedentes” que atacaron Derecho.

¿Dónde está la presunción de inocencia del Estado de Derecho?

El tratamiento que han dado todos los medios de este suceso ha sido bastante denigrante. Nadie ha respetado la presunción de inocencia de los detenidos. Nadie ha averiguado que muchos de los detenidos no estuvieron presentes en la manifestación y que si lo estuvieron no entraron en Derecho o que si entraron no pasaron de la entrada y no agredieron a nadie.

Algunos estaban en el trabajo ese día y lo demuestran su ficha y los testigos.

Siento dolor por las detenciones arbitrarias y deshonrosas de estos chicos. Ellos protestan, sí, y ¿Qué les queda? Aceptar el paro, emigrar, mendigar…estudiar para nada. Si se manifiestan, ¿ser detenidos, golpeados, humillados, multados?

Sin embargo los verdaderos delincuentes, los de guante blanco que han robado cifras millonarias al pueblo son indultados, tratados con casi admiración y todos pagamos su mala gestión, su meter la mano en la caja a manos llenas.

Golpear a los de abajo es fácil, deshonrarlos mucho más. Sin embargo, ¿qué tipo de jóvenes son los que aceptan este holocausto de la juventud sin resistencia?

¿Cómo se ha procedido a detener y acusar a estos chicos y chicas pertenecientes a colectivos tan diversos? ¿Cuál ha sido el criterio? ¿Dónde están las pruebas de sus agresiones a otros estudiantes? ¿Por qué esta actuación tan aparatosa para detener a unos cuantos chicos y chicas cuyo mayor delito es salir a la calle a protestar?

¿Quién va a poder salir ahora a la calle con la nueva ley a protestar, a manifestar su disconformidad con el sistema? ¿Cómo estar de acuerdo con este sistema que nos empobrece, nos humilla, nos abandona y nos amordaza?

Frente a los juzgados de Plaza de Castilla se congregaron diversos colectivos para esperar la liberación de los detenidos al día siguiente. El aparato policial era impresionante. Ahí estaban los llamados “yayoflautas”, también los jubilados afectados por las preferentes que venían andando desde Génova dónde se habían manifestado. Gente muy dispar en cuanto a su ideología. Su nexo de unión: no quedarse quietos ante la injusticia.

Esperemos que las campañas mediáticas no enturbien más el honor de los que se oponen. Que los periodistas ejerzan su labor contrastando adecuadamente lo que les dicen o que lo averigüen por sí mismos como es su deber. Que no se permitan vídeos de exhibición de detenidos ¿para conformar a quién?

Los detenidos salieron con cargos contra los derechos fundamentales. ¡Menuda ironía!

Nos están amordazando y estamos perdiéndo todas las escasas ganancias del último siglo que se consiguieron con sangre, dolor y muerte.”

Gloria García Molina
DNI: 50697248G

Vía Asociación Madres Contra la Represión

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El 15-M se ha convertido en un microclima

“Un microclima es un clima local de características distintas a las de la zona en que se encuentra. El microclima es un conjunto de afecciones atmosféricas que caracterizan un entorno o ámbito reducido. Así mismo depende de muchos otros factores.” – Wikipedia

Hace casi 2 años, surgía la pregunta “¿dónde está el 15-M?” y entonces dijimos “el 15-M no sólo es una estructura organizativa, sino sobre todo un nuevo clima social”. Esa pregunta sigue estando en la calle, ¿qué ha pasado con el 15-M?, ahora se dan ciertas respuestas, se ha dividido en sectores, cada quién defiende lo suyo (educación, sanidad, vivienda, etc), se ha perdido la unidad y el marco común que nos dio el 15-M, pero ¿es eso cierto?

Una lectura puede ser esa sí, pero entonces también sabíamos que en algun momento dado tendríamos que ir trabajando en cada una de las cosas sobre las que queríamos intervenir y decidir. Digamos que hemos hecho “grupos de trabajo” de toda la sociedad, lo cual no es baladí, ser capaces de articular las mareas, ser capaces de lidiar con lo que supone la concreción, tocar los problemas y pensar las opciones. Sin embargo eso parece no ser suficiente.

Hay algo de lo que no somos conscientes y es que ese clima 15-M sigue en marcha, sigue colándose por las rendijas, pero nos hemos acostumbrado a él. Es un microclima que sólo está en aquellas regiones tocadas por las #revolution, donde son las personas las que han cambiado, aunque sea sólo en una esquinita de su ser.

Así por tener en mente algunas de las pistas que nos da ese microclima: la PAH ha sido premiada con el premio europeo de la ciudadanía, el premio Principe de Asturias de las Letras, Antonio Muñoz Molina dice estar “asolado por una crisis cuyos responsables quedan impunes mientras sus víctimas no reciben justicia”, los estudiantes niegan el saludo a Wert, hay una monja republicana que monta un partido , hay un partido X dónde la X aparece como incógnita de cómo será ese nuevo tipo de partido, surgen iniciativas de desobediencia civil pública y organizada entre usuarios y trabajadores del sistema sanitario como Yo sí sanidad universal, fundaciones ciudadanas como Civio para decir “adios opacidad, hola democracia”, creando el mapa del poder en España con Quien manda
o el esfuerzo de Paul Borons para explicar conceptos asociados a la economía de una manera sencilla para constatar que realmente nos venden gato por liebre, surge la versión española de la Open Knowledge Foundation  en busca del open data y la transparencia, fundada por periodistas independientes y no por instituciones o mass-media. También existen multitud de iniciativas de gentes organizandose, coordinandose en espacios de coworking, de economía social, mercados como (San Fernando), cooperativas como Cooperama o Cooperativa Integral , muchas gentes pensando cómo se puede hacer para resistir, para inventar nuevas formas y vías.

Más de 2 años y medio han pasado desde el 15M, el momento de la explosión, del subidón en el que todo era posible, cualquier cosa la podíamos cambiar y bueno no ha sido tan así, objetivamente la sociedad ha ido a peor, más privatizaciones, más paro, más precariedad, más migración, el gobierno se siente impune en sus políticas de la barbaridad.

Sin embargo, hay un marco del 15-M que sigue estando presente: horizontalidad, pese a la creación de partidos sigue sin haber líderes; inclusividad, se piensa más en términos de construcción para el 99% (educación para todos, sanidad universal, vivienda como derecho universal, economía social, etc); respeto, los diferentes conviven, la exclusión de los migrantes, los marginados, los desahuciados, no son parte del hacer de la sociedad (que no tiene que ver con las políticas que se llevan a cabo); no-violencia sigue estando activa y evidenciando día a día la violencia policial; inteligencia colectiva sigue en funcionamiento, todas las iniciativas ponen su saber en común, para que se extienda, para que sea fácilmente reapropiable.

Muchas veces no somos conscientes de nuestras propias palabras. “Vamos lento porque vamos lejos”, es así, literal, estamos digiriendo, asimilando lo que se produjo en un momento de explosión del 15-M, producto a su vez de muchas experiencias previas. Tampoco somos tan inocentes como para creer que el cambio viene de la noche al día, pero sí como para saber que los fuegos subterraneos siguen.

El microclima está pero la parte pendiente que nos queda es cambiar nuestras propias vidas y eso depende de nosotros.

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Todo va muy mal (y una victoria)

 

Hoy hace más de un año que una mano enorme desde lo más alto señaló el hospital de La Princesa de Madrid y dio, ante el desamparo de vecinos y de las gentes que lo pueblan diariamente, orden terminante de su cierre. Le quedaban dos meses de vida. El anillo de los nuevos hospitales de la Comunidad de Madrid saldrían a subasta simultáneamente.

Ahora que nuestro problema político parece ser el de la hegemonía y el del desbordamiento del Estado, ahora que el problema es quizás el del réquiem por el 15M, ahora que lo que toca es hablar del poder, el poder “de verdad”, ahora que parece que ha pasado, se dice, la gran movilización “expresiva”, permitidme contaros, aunque sea en forma de epitafio si se quiere.

Hace unos días he estado en las urgencias del hospital de La Princesa con mi tía, no cabía un alma. En las Urgencias de un hospital siempre se pasa mal y hay mucha gente sufriendo a la vez. Un batallón (siempre menor al deseable) de auxiliares, enfermeras, residentes y médicos adjuntos cuida de los pacientes.

La media de edad en la sala de espera es alta, aquellas caras de vecinos desarmados por el dolor y la preocupación, lo menos parecido a un ejército que pueda uno imaginarse, son las mismas que han conseguido que un año después, la sensación de estar en estas urgencias sea agridulce. El hospital sigue abierto. Las órdenes terminantes no se han cumplido. Lo consiguieron estas gentes, yo lo vi.

Los cuerpos de jubilados, vecinas, trabajadores del hospital… se interpusieron desconcertados y valientes entre la máquina y la casa. Algunos no habían desobedecido en toda su vida, otros ni siquiera se habían manifestado nunca. Fue el comienzo de la marea blanca, la primera trinchera. Los cuerpos que pueden tan poco han podido mucho, la máquina está parada, el proceso de privatización de la sanidad madrileña está bloqueado en los tribunales y algunos políticos imputados.

La lucha de La Princesa

Todo va muy mal, todo va muy mal, todo va muy mal.

Esa es la letanía. Y puede que todo vaya muy mal, no hace falta repasar: pensiones, derechos laborales, educación, sanidad, dependencia, servicios sociales, paro…

Todo va muy mal.

Hace dos años y medio estalló el 15M como una carga de profundidad. Hoy las aguas han bajado a su cauce, volvemos a eso que llaman impasse, la espera.

Sin embargo el cuerpo social es el esqueleto de un animal prehistórico descoyuntado. La cabeza ha quedado separada del cuerpo, la sociedad ha sido galvanizada por un terremoto político, hemos perdido la inocencia.

Vivimos ahora la intensidad de una situación destensada. Las gentes en sus vidas, la vida circulando y la ansiedad se acumula. Una mecha, tan tarde aún, una idea debe rescatar la situación.

En los medios y la red han quedado los más vocacionales y los profesionales. Un coro de apologetas de la eterna derrota no cesa de brindar la indignación, el escándalo diario y la denuncia. Lo que no sé es a quién, ¿a qué Padre se le está mostrando cada día ese cadáver entre las manos? El Padre es el asesino, ¿a quién gritamos? ¿a quién hay que abrirle aún los ojos? ¿qué tribunal nos ampara?

Se dice que la máquina lo alcanza todo y que el capitalismo está en todas partes, el crimen es perfecto.

Si el crimen es perfecto y el desastre tan mayúsculo (la palabra desastre es una de las favoritas), entonces no hay nada que hacer. Pero aprendimos hace un par de años justo lo contrario, que sí se puede y que las cosas no son-como-son.

¿De qué sirve el grito histérico en una guerra?

El hospital de La Princesa es un buque con el pabellón agujereado, un fuerte sitiado. Desde el día siguiente a la resistencia cada departamento recibió un tijeretazo salvaje, el personal sufrió podas, médicos fueron jubilados por sorpresa de un día para otro, no ha habido recambio, las listas de espera se las traga un sistema informático infranqueable que deriva automáticamente hacia centros privados las intervención quirúrgicas y las prueba de especialistas.

El hospital es una fortaleza muy asediada, pero resiste. Hay médicos que cogen el teléfono cada día decenas de veces para llevar a cabo la esforzada misión de evitar que el sistema derive a la privada a cada uno de sus pacientes, para evitar que se vacíe el hospital. Hay un grupo de vecinos, muchos jubilados, que cada mañana y cada tarde, durante todo un año, van a la puerta del hospital a recordar que estamos en lucha, que ellos lo van a seguir defendiendo, llevan pancartas y cantan canciones, luego se unen trabajadores y pacientes. Si esto es una guerra ellos han encontrado su puesto allí.

Quizás sirva decir que la “gente no se mueve”, que el panorama general es catastrófico y que el gobierno no cae. Quizás es mejor seguir denunciando y el gesto histérico. Quizás no es hora de celebraciones.

Pero permitidme celebrar la enorme victoria del hospital de la Princesa. Una entre tantas…

 

 

 

 

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Fiesta en las barricadas #occupygezi

Una de las cosas que ocurren cuando se dejan preguntas abiertas, es que se intenta buscar respuestas, y a veces aparecen en los sitios menos esperados, en la esquina de una calle, en el muro de una casa, en la cómoda de una habitación.

Respuestas que son parte de debates que no se tienen entorno a mesas, que no están organizados ni preparados, debates que van introduciendo argumentos en cualquier momento, en cualquier lugar.

Uno de los temas más controvertidos en las últimas #revolution, ha sido la defensa de la no-violencia como estrategia de acción, como si de un cerebro colectivo se tratara, las personas tomando las calles han decidido que son no-violentas,  no es una consigna emitida por una figura de liderazgo, no es el producto de infinitos debates colectivos, es simplemente un sentir general, quizá un inmenso cansancio en un mundo que gira entorno a la violencia en el sentido más amplio, desahucios, precariedad, privatización, violaciones, corrupción, falta de libertad, guerras, etc.

Hace poco leí un titular que me llamó la atención, decía “Si en los 60 la lucha armada era lo más revolucionario, hoy lo es la paz” , aparecido en periodismohumano, y curiosamente ese artículo lo han retirado,  es una entrevista a un miembro del ELN, guerrilla colombiana. Creo que en esa frase resumía el cambio de paradigma ante el que nos encontramos. En estos movimientos recientes (#Jan25, #15M, #OWS, #occupygezi, #vemprarua) pese a la existencia de la violencia policial, en todos los casos como movimientos han defendido la no-violencia y sus propuestas no han pasado nunca por la vía armada.

Ese proceso de cambio de paradigma, implica un profundo cambio social, donde los métodos son otros, donde la fuerza está basándose más en los cuidados que en la violencia, en la resistencia para construir que en la destrucción, son nuevas fórmulas para luchar por una sociedad donde vivir en paz y con dignidad.

Cada #revolution va aportando su granito de arena en esta conversación global y colectiva entorno a la cual pensar cuales son esas nuevas fórmulas. Y en lo referente a cómo pensar la violencia, posiblemente sea #occupygezi quien me ha sorprendido más, ya que ha sido unas de las protestas donde ha existido más violencia policial por parte de un Estado, supuestamente democrático,  hasta el punto de dejar al menos, 4 muertos.

Ante el abuso de violencia policial, la gente en #occupygezi decidió usar burlarse de ella, buscó en el humor la fuerza colectiva,  desactivó el miedo y se activó la resistencia.

Hemos visto la violencia policial en muchos vídeos. Las palabras clave que podíamos ver en el minuto a minuto de las protestas eran, gas lacrimógeno, máscaras de gas, chorros de agua, palizas, heridos, barricadas. En el vídeo vemos como los fans de los club de futbol piden ser jaleados frente a la policía, como si estuvieran en el campo de futbol.

El humo era la niebla cotidiana en las calles. Y en mitad de esa niebla asfixiante salen los símbolos como “la mujer de rojo” y “la mujer de negro” que se convierten en iconos de la resistencia.

Illustration woman in red

woman in red

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El uso del arte y la creatividad que ha acompañado la narración de la violencia policial es increíble, no se ha hecho desde la posición de víctima pasiva que queda anulada, sino desde la posición de la fuerza colectiva. Cada mujer y cada hombre se sienten representados por estas dos mujeres, en rojo y negro.

Pero el arte también se pone en marcha para hacer la resistencia efectiva, para transmitir el conocimiento que se va adquiriendo sobre la marcha, como en el caso de cómo construir máscaras de gas caseras, que van utilizando los manifestantes.

gas mask 1gas mask 1

y en mitad de la tensión entras en una casa y te encuentras donde acaban las bombas de gas

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Y así poco a poco, una situación que debería ser inaudita, el uso de máscaras de gas, se introduce en el imaginario cotidiano.

gasmask in basketgasmaks in kids school bag

Y en medio de las calles que siguen llenas de gases con componentes químicos  desconocidos, provocando gargantas que se queman, ojos que no paran de llorar, pulmones estresados por respirar humo, cabezas abiertas,  surge  el imaginario de los Festivales de Gas.

Gas festival poster 1gas festival poster 3

Gas festival poster 2

Y en los muros de las calles también aparece el humor en graffitis como este, donde se lee “El gas lacrimógeno está delicioso”

teargas tastes delicious

Y de toda este imaginario, no podían faltar los vehículos especiales de intervención policial,  los TOMA,  que son “personalizados” en esta web . Dando lugar a toda una serie inmensa de posibilidades, quizá para pensar cómo sería verlo en plena acción, ¿os lo podrías imaginar? ;-)

TOMA vehicle 1TOMA vehicle 2

Cuando estar en las barricadas es mejor que estar de fiesta

Generalmente tenemos la idea de las barricadas, como los lugares donde están los chicos más malotes de la zona, esos que no se despeinan mientras revientan un cristal o queman un contenedor, esos que consideran esencial emplear la violencia en un sistema injusto, siendo reconocida como necesaria para la defensa propia, pero digamos que la idea de barricada no está asociada a una zona tranquila y donde ir a pasar un buen rato con los colegas, sino más bien donde mascar la tensión.

Sin embargo en #occupygezi, las barricadas se convierten en un punto de encuentro, los fans de clubs de futbol rivales se unen, y coordinan la construcción de las barricadas, son momentos de autoorganización y colaboración, todos participan, grandes y pequeños, mujeres y hombres.

Anécdota:
Un amigo contaba, cómo el manager del Hotel Divan (que también fue atacado por la policía cuando hacia las veces de enfermería ante los heridos por la violencia policial), pidió a la gente que vigilaba la barricada si podían dejar entrar un taxi para un cliente que tenía que irse, que una vez se hubiese ido, él y los empleados del hotel ayudarían a construirla de nuevo. Tras unos momentos de discusión en la barricada, aceptaron abrirla y una vez el cliente estaba fuera, la barricada fue reconstruida por el personal del Hotel.

Tal vez pensar que es importante la construcción de un imaginario diferente entorno a la violencia policial  sea algo un poco inocente, especialmente de cara a la desarticulación del miedo y la construcción una resistencia que se escape de las lógicas conocidas. Personalmente creo que no sólo ayuda sino que es necesario. La violencia en cualquier formato, es el mejor arma contra la gente, ya sea mediante la represión directa o indirecta. Sus consecuencia inmediata es la creación de miedo, y como muchas veces oímos  “el miedo es libre” y como resultado nos paraliza. El hecho de superarlo, como ha ocurrido de forma colectiva en #occupygezi,  es algo a tener en cuenta.

La clave quizá esté en entender que la defensa de la no-violencia implica un práctica activa y consciente de muchas personas, el 99%,  implica el cortocircuitar las lógicas del sistema, supone establecer otras reglas del juego que no estén predefinidas por otros y abrir espacios de participación colectiva. Posiblemente en el cambio de paradigma en el que nos encontramos, la idea de confrontación está cambiando, no se trata de una medida de fuerza entre dos partes, sino de la construcción de un sentimiento de pertenencia a una comunidad vs al sentimiento de aislamiento. Así los estamos viendo cuando surgen lemas como “no estas sola” o “no tenemos miedo”.

Y dentro de esas nuevas lógicas que se escapan a la confrontación conocida, de esas nuevas reglas del juego que se están definiendo, podemos enmarcar la acción del #standingman en #occupygezi. En un momento de máxima violencia en las calles, de movimiento continuo escapando de, la persecución policial, de las TOMA, de los gases, transportando heridos,  en mitad de extrema tensión, surge una acción basada en permanecer absolutamente quieto, en silencio, en  actitud de reposo pero firme.
Una persona quieta en mitad de una plaza desalojada, rompe la lógica, la gente se suma,   los cuerpos respiran juntos, los cuerpos se relajan, los cuerpos están cerca y acompañan, están juntos, son muchos. La acción se replica por todo el país, y poco después en distintas ciudades del mundo.  Se ha roto el aislamiento y la dispersión, no hay estampida. Se han roto las lógicas de la violencia policial.

y cuando algo toma valor, se comunica, se cuenta, en distintas formas y formatos, carteles, graffitis, posters.

Standing man action 1Standing man action 2, keep calm

Standing man action 3Standing man action 4

En #occupygezi no sólo #standingman ha sido una acción clave de cara a la violencia, sino también la  música ha jugado un papel importante para traer la calma, para recuperarse de la batalla en la calle. Como en el caso del piano de Davide Martello, quien también en mitad de la tensión policial, optó por tocar el piano muchas horas seguidas sin parar. Otro momento donde las lógicas del juego de la violencia policial se rompieron.

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