Episodio uno de Podemos: La batalla del silencio

No es raro que la metáfora central de Pablo Iglesias en la Asamblea Ciudadana tuviera que ver con el baloncesto, ni que algunos debates televisivos se centrasen en si habían conseguido llenar o no el Palacio de Vistalegre. En esta antigua plaza de toros, el Real Madrid y el Estudiantes han jugado muchos partidos, y el PSOE ha celebrado numerosos mitines hasta que, en 2011, canceló uno de Zapatero por miedo a no llenarlo. Si aquella cancelación fue un símbolo de final de ciclo, este fin de semana debía de ser el del comienzo de uno nuevo.

A los dos lados de la escalinata que sube al recinto hay dos toros, como en el Congreso hay dos leones. Hay también un equipo de seguridad que revisa las entradas y confisca los tapones de las botellas de agua. En las gradas hay ambientazo. La gente canta y hace la ola. Ha pasado más de una hora y aún no empieza. De pronto, un barullo. Algo pasa: está entrando Pablo Iglesias, rodeado de mucha gente, cámaras y simpatizantes; una chica le llega a tocar el culo, las gradas aplauden y cantan “A por ellos”.

A una amiga esto le recuerda cuando sacan a la Virgen del Rocío, y todo el mundo la intenta tocar, y vuelan niños de mano en mano para que estos puedan tocarla.

Iglesias empieza a hablar, pero hay problemas de sonido. Pablo hace una pausa y luego sigue hablando. Cuenta una historia sobre la selección española de baloncesto, y suelta la ya famosa frase: “El cielo no se alcanza por consenso, el cielo se toma por asalto”.

Está claro que esto es un estadio y estamos en una competición, y quizá el enemigo sea el equipo de EE.UU de baloncesto, pero para llegar a esa final antes tiene que vencer a enemigos más cercanos, a equipos más pequeños, a sus propios compañeros, a la imagen de sí mismo que tienen algunos amigos, a todo lo que él crea que pueda llevarle a la derrota en este juego de tronos, donde solo se puede ganar o morir*.

Distintos equipos salen a defender su propuesta de borrador ético. Monedero se pasa del tiempo estipulado, se escuchan algunos silbidos y un “árbitro, la hora”. Hay quien le hace una señal con los dos brazos. El señor mayor que se sienta a mi lado me pregunta por ese gesto. “Te estás enrollando”, le digo. “Pero es rollo del bueno, ¿no?”, me responde. Es uno de los muchos ultrafans que hay hoy aquí. Se vino en tren desde Barcelona y parece que estuviese viendo a los Rolling.

***

El plato fuerte es el domingo por la mañana, cuando se presentan los borradores organizativos. Hay expectación por las palabras de Pablo Echenique, a quien los medios le han presentado como el gran antagonista de Pablo Iglesias. El líder de Podemos había calentado el ambiente el sábado advirtiendo que aquellos cuyo borrador perdiese debían echarse a un lado.

Atención Spoiler: Capitán mandando callar a la grada.

Atención Spoiler: Capitán mandando callar a la grada.

El recibimiento a Echenique es aún más intenso y cálido que el de Iglesias: hay muchísima gente levantada y el aplauso es ensordecedor. Este Pablo se muestra más conciliador: “Creemos que Pablo [Iglesias] es el mejor portavoz”. Pero también dice: “Podemos no debe ni quiere parecerse a la casta”.

Teresa Rodríguez, eurodiputada y miembro de Izquierda Anticapitalista, entra más al trapo: “No hemos venido aquí a echarnos a un lado”.

Cuando bajan del escenario, Iglesias y Monedero acuden raudos a besar a Echenique. “El beso de Judas”, me dice un amigo por whatsapp.

Por el equipo de Pablo Iglesias sale Carolina Bescansa, respaldada, eso sí, por Iglesias. El aplauso es mucho más frío, más corto y con menos gente levantada. Parece que las bases se están revolviendo.

El portavoz de una de las propuestas dice: “No necesitamos un macho alfa. ¿Qué hemos conseguido con Felipe González, con Anguita, con Lenin, con Mao Tse Tung. Nada”. Y la oleada de aplausos sube muchos decibelios.

Cuando terminan las presentaciones, la gente pregunta a través de una aplicación móvil a los distintos equipos. Muchos piden que se pongan de acuerdo. La mayoría de las preguntas van para el equipo de Pablo Iglesias. Este sube al escenario, muy serio. Parece no gustarle nada eso de ir perdiendo al aplausómetro. Se coloca detrás del atril, mueve las manos hacia abajo como pidiendo calma y dice: “Os voy a desafiar.” Alguno se ríe. Y él lo corta: “No, no, ni pizca de risa. No quiero ni un solo aplauso a mi intervención. Vamos a demostrarle si somos capaces. Shhhhhhh. Vamos a demostrarle si somos capaces de no aplaudir a una intervención”.

El silencio es helador. Hay quien sigue aplaudiendo un poco al principio, pero es una gota en el océano de silencio que rodea al líder, mientras él sigue hablando: “Yo soy un militante, no un macho alfa, me pongo a las órdenes. Shhhhhhhh. Shhhhhhhhhhhhh. Me pongo a las órdenes de quien haya demostrado que cuenta con el apoyo de la mayoría.”

Y remata: “Silencio y muchas gracias”.

Nos vamos a comer con el estómago encogido.

***

El domingo por la tarde es mucho más relajado. Se van presentando los distintos borradores políticos.

La intervención más celebrada pone el acento en la clase obrera: “Compañeros, es necesario que organicemos grupos en los sindicatos para recuperar a estas organizaciones de la garra de los estafadores que la dirigen”.

La gente se pone de pie y canta “Sí se puede”.

Muchas de las preguntas finales van dirigidas a que Iñigo Errejón concrete su postura en torno a las municipales. Al principio se escurre. Después, advierte: “Donde lo viejo se haya comprado un traje nuevo se llame Ganemos o se llame como se llame, construiremos candidaturas municipalistas”.

Ya se va haciendo tarde. Se presentan las cinco resoluciones que más apoyos han recibido vía online: Educación, Anticorrupción, Sanidad, Vivienda y Auditoría de la deuda. Muchos de los que aparecen por allí les conocemos del 15M, de las distintas mareas, de la PAH. Siempre me gusta verles, pero como en las viejas películas de miedo, luego pienso: Ok, pero si estamos aquí todos dentro, ¿quién se ha quedado fuera vigilando la puerta?

La puesta de largo de Podemos termina con la intervención de un viejo luchador antifranquista, unas breves palabras de Pablo Iglesias, y el estadio entero cantando “La Estaca”.

Del techo penden de un hilo algunas palabras: Ciudadanía, Participación, Transparencia, Democracia, Derechos, Soberanía, Dignidad, Círculos, Futuro, Cambio. De hecho, penden de dos, pero hay una palabra en la que se ha roto un hilo y, por tanto, queda sujeta solo por el otro, también un poco desgastado. Se balancea. Podría caerse.

No perdemos de vista esa gran palabra blanca que baila sobre nuestras cabezas.

No voy a decir cuál.

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* “No es posible acabar con la violencia y el poder en sí mismos, tan solo cabe apropiarse de ellos y, neutralizando al resto de fuerzas y poderes, ponerlos al servicio de un determinado principio de legitimidad. Por así decirlo, no existe una legítima legitimidad sin poder, aunque sí puede existir durante siglos un poder poderoso sin legitimidad, he ahí el verdadero drama de la política. Los déspotas, los tiranos, los opresores, pueden conducirse a través del mero poder, porque pueden imponer el terror, gobernar a través del miedo, y proyectar principios de legitimidad adecuados a su causa (religiosos, tribales, identitarios, etc.) que apuntalen el ejercicio de su poder despótico. Sin embargo, no es posible para los justos, para los honrados, ser verdaderamente legítimos si no conquistan el poder.”

Pablo Iglesias en Ganar o morir: lecciones políticas en Juego de tronos.

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