Todos los 15M que sus ojos no ven

No sé qué clase de ojos hay que tener para ver que el 15M sigue estando, siempre ha estado, nunca se fue. ¿Serán diferentes de esos otros ojos que ni lo vieron venir en mayo del 2011, ni lo veían cuando terminó la acampada, ni lo han vuelto a ver estos tres años, pero que ¡oh, milagro! vuelven a verlo tras el 25M con el crecimiento de Podemos y la caída del PPSOE.

Hace un año, en Sol, un guía japonés agitaba sus manitas hacia arriba para hacer ver a los turistas que fue allí donde se celebró aquella famosa acampada cuyas imágenes dieron la vuelta al mundo. Y los periodistas acudían a esa plaza para dar fe de que ya no quedaba ni rastro: solo un tío disfrazado de Bob Esponja y unos cuantos skaters. Aunque igual no miraban en la dirección correcta. ¿Harán los mismo los periodistas franceses?, ¿irán cada 14 de julio a la plaza de la Bastilla para decir que allí ahora solo hay coches, que ni rastro de la Revolución francesa ha quedado en el mundo?

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Desde dentro, a veces, tampoco es fácil ver. Por eso, a veces viene bien que alguien te saque un poco la cabeza del día a día y te obligue a contar qué es lo que ves. Por ejemplo, una amiga francesa que pasó un tiempo en Madrid, y ahora a veces me pregunta que sucede por aquí. Esto le escribía yo unos meses atrás:

“No sé muy bien cómo explicarte porque todo es cada vez más complicado. No hay algo grande que lo una todo, sino muchas pequeñas luchas. Eso sí, la última huelga de educación fue muy grande, de momento se ha conseguido paralizar la privatización de la sanidad en Madrid y se siguen parando muchos desahucios y ocupando edificios enteros para las familias, cada vez hay más comedores populares y mercados de intercambio de libros de texto, cooperativas, etc.. Pero el gobierno sigue utilizando su poder de forma muy fuerte: se reducen los salarios, las pensiones, sube el desempleo, quieren aprobar una ley policial y judicial con mayor represión… Y muchos están desanimados y cada vez más gente (sobre todo jóvenes) está emigrando. No es Grecia, cada país es diferente, pero siento que estamos un poco más cerca.. Lo bueno es que la extrema derecha no está consiguiendo subir, espero que siga así..

La gente está cada vez más enfadada con el PP y el PSOE, con el rey, con los bancos, etc, pero no ven que haya una alternativa real, ¿seremos capaces de generarla?

Creo que nos esperan años duros, pero interesantes, ¡espero que más lo segundo que lo primero!”

Mientas tanto, ella me contaba que en Francia la gente primero depositó todas sus esperanzas en Hollande (pienso en Zapatero) para echar a Sarkozy (más o menos de la misma altura que Aznar), pero que la gente se decepcionó con él y muchos están tan enfadados que ahora están votando a Le Pen.

¿Porqué será que aquí no ha arraigado el discurso de la extrema derecha, del todos contra todos, del inmigrante culpable, del hemos vivido por encima de nuestras posibilidades? La respuesta puede que esté en lemas como “No es una crisis, es una estafa”, los escraches a políticos, y procesos como el “15MpaRato”.

¿Sin el 15M hubiesen surgido iniciativas tan colectivas como Yo Sí Sanidad Universal o las distintas Mareas?, ¿serían tan fuertes luchas vecinales como la de Gamonal, Álcazar de San Juan, las Corralas o Can Vies?

Las vidas que ha seguido atravesando son innumerables. Cuando un grupo de mujeres, cinco madres (una de ellas embarazada), dos abuelas y ocho menores, deciden liberar un edificio en pleno centro de Madrid como el de “Las Leonas” para vivir allí juntas, y una de las madres le dice a su hija “deja ese chocolate en el montón común, que a partir de ahora todo es de todos” es un buen síntoma de que han arraigado las soluciones colectivas en problemas que antes se veían individuales.

Si tuviera que enviar otro mensaje a mi amiga francesa tendría que contarle también qué es eso de los partidos nuevos como el Partido X o Podemos. Una de las novedades de estas elecciones es que mucha gente ha debatido antes su voto con otros: nos preguntábamos si había qué votar o no, y a quién y porqué, en el caso de querer hacerlo, como si el compartir ideas colectivamente nos ayudara también a pensar. La jornadas de reflexión, inauguradas tres años antes con ese grito mudo, serán colectiva o no serán.

La curiosidad me arrastró a ver los resultados de las elecciones europeas en la plaza del Reina Sofía, en una pantalla gigante que había puesto Podemos. De nuevo, en una plaza, con alguna gente que había conocido estos tres años, cantando el “Sí, se puede”, con una ilusión que recordaba al 15M, pero luego algunos cánticos extraños: “Que sí, que sí nos representan”, “¡Presidente, presidente, presidente!” Y luego un mitín, con cántico de la guerra civil incluido.

El 15M no solo ha tenido mutaciones inesperadas, sino que parece haberse apareado también con criaturas de distintas formas: algunas muy nuevas, otras algo más viejas. Quien piense que esto es el punto de llegada, que se frote de nuevo los ojos. Parece que seguirán las mutaciones, los saltos adelante o al vacío, los experimentos, la vida haciéndose paso.

La táctica para matar a un enemigo disperso es concentrarlos en un punto para darles el golpe definitivo, como hicieron con los gremlins, llevándolos a un mismo cine para luego quemarlo. Que el 15M siga abierto, y moviéndose dentro, fuera, por todos los lados, y no en un solo punto, significará que seguirá vivo.

¿Y si no se ve?

Los corresponsales de guerra dicen que no hay que tener miedo de los disparos que se escuchan, porque eso significa que son balas que ya han pasado, sino de las que ni se oyen ni se ven, las balas invisibles, porque esas son las que pueden darte.

Que se lo digan si no a aquel ministro de Interior que se llamaba Alfredo Pérez-Rubalcaba. Era 15 de mayo de 2011, y en Callao había un charco de sangre por las cargas policiales que él mismo ordenó tras la protesta pacífica de aquella tarde. Después, llegaron las acampadas. En la jornada de reflexión le pregunté a un periodista que seguía al PSOE si estaban muy preocupados por todo aquello. Nada -me dijo- están entretenidos con los sondeos, lo de Cataluña, sus cosas… Yo no me lo podía creer. ¿Tan encerrados estaban en su búnker? ¿de verdad eran tan ciegos? Tres años después, el PSOE se hunde en aquel charco y ahoga al entonces todopoderoso ministro.

Ese charco, esa agua estancada, es cosa suya. Lo nuestro es más río o marea o lluvia que cala poco a poco. Ese hilo invisible que une el entonces y el ahora no es lineal, es más bien una madeja que recorre acontecimientos, palabras y cuerpos.

Pero que ellos sigan con sus ojos.

Nosotros, desde aquel 15M, vemos mucho más allá.

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