Lagente

Entre las tinieblas del mundo se esconde una bestia mítica capaz de acabar con la sociedad, una bestia llamada Lagente. Lagente surge cuando un grupo grande de personas entra en contacto directo o realizan juntos alguna actividad, por ejemplo acercarse a unas urnas electorales. En ese momento la transformación ocurre y quien vota ya no son personas, es Lagente.
Es el mismo tipo de criatura demoníaca que Jekyll y Mr Hyde, o los hombre lobo o los Transformers. Uno va tan tranquilo pensando que eso es un Audi inocente, y de repente ¡bam! ahí tienes a Optimus Prime a punto de arrasar la ciudad.

Lagente no piensa, y tiene una obsesión irrefrenable por hacer el mal. De todos los impulsos y pasiones de las personas que la forman, sólo conserva las que producen violencia, corrupción y a ser posible violaciones de derechos humanos. En el caso de las votaciones, por ejemplo, Lagente está ansiosa por aprobar en cuanto pueda la pena de muerte, o por votar exactamente y sin cuestionar lo que digan en nosequé programa de televisión (cuya naturaleza demoníaca, por otro lado, ya es de sobra conocida). Por eso nos gustan por ejemplo los líderes, porque aislados en sus alturas lejos de los demás, es obvio que ellos no son Lagente.

En general estamos a salvo gracias a los arquitectos, que diseñan casas aisladas unas de otras donde pueden vivir pocas personas, o bares pequeños para poder tomarse unos chopitos en paz (las discotecas grandes son sin embargo más el mal). En esos espacios uno puede hablar tranquilamente con otro y observar que el otro piensa, tiene sus razones, sus motivos; a veces dice tonterías, pero en general lo que dice y hace es como bastante normal. Ahí está precisamente el peligro, no nos damos cuenta de que son precisamente ellos, el vecino del quinto, tu compañero del trabajo o cualquiera de tus amigos, los que componen Lagente. ¡Que aunque parezcan muy normalitos, en cualquier momento se pueden transformar en la bestia! Algunos creen que por algún azar cósmico les ha tocado vivir rodeados de personas especiales, diferentes a los demás, ¡insensatos! ¡esos son los primeros en ser Lagente!

Me avergüenza tanto reconocerlo, pero a veces incluso yo mismo he sido… no sé cómo ha ocurrido, ni siquiera he sentido algo especial, pero de repente he oído a personas opinar sobre algo que estaba haciendo con otros, y referirse a nosotros como… es tan terrible ¡Lo siento! ¡Cómo iba a pensar que yo también podía ser Lagente!

Hago un llamamiento desesperado a los gobiernos del mundo para que nos protejan de Lagente. Que prohiban las manifestaciones, los referendums, los botellones, twitter,… Que nos guíen los expertos, los líderes, los tertulianos, todos esos que sabemos que no son Lagente, que construyan por nosotros sociedades razonables donde poder vivir en paz. Si Lagente acaba imponiendo su voluntad, no quiero imaginar el mundo en el que podríamos vivir…

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