Miles de pianistas en las barricadas [Diario de Estambul]

Todo el mundo espera que pase algo a las siete de la tarde. El martes se concentraron decenas de miles de personas y la policía empezó el ataque que duró toda la noche. Hoy miércoles, a esa hora hay convocada una nueva concentración. La plaza fue desalojada, pero el parque resiste, y ahora es un hervidero. La enfermería, preparada; los que reparten máscaras de gas, hiperactivos; los streamers, a las barricadas; la mayoría se ponen sus cascos de obra, la máscara y las gafas de buceo al cuello, por si hay que ponérselos rápido. Se oyen cánticos en defensa del parque, de Taksim, en contra de Erdogan. Los seguidores del Besitkas cantan: “Gaseános/ gaseános, con pimienta/ Y suelta la porra/ a ver quién tiene más huevos”. El parque está en un pequeño alto, parece un castillo al que hay que defender. Aunque dentro del castillo, la gente sigue comiendo, hablando, bailando, disfrutando de lo que pueden ser los últimos momentos del parque. 


Pasan las horas. Cada vez más gente sale del parque y ocupa la plaza de Taksim. La policía rodea el centro cultural Atatürk y el monumento a la República. Muchos se acercan a ellos, cada vez más. La policía avisa. Un grupo de manifestantes hace una cadena humana entre unos y otros. Temen que los más provocadores sean infiltrados y que lo que quieran es dar la excusa para que la policía ataque. Hay medios de comunicación de todo el mundo. Suben la tensión, algún fuego artificial  como aviso a la policía, un poco de gas, gritos cada vez altos, todos se preparan, la enfermería está lista, cuando se oye algo que no son cánticos, no son gritos, no son disparos de bombas de gas: es música, es “Let it be”, de los Beatles, es un piano que ha aparecido de la nada y un chico delgado con nariz ganchuda y sombrero que está tocando, y todos se acerca y se sientan y hacen fotos y aplauden y suena “Imagine” de John Lennon, suena el “Bella Ciao” que todos cantan y un turco se anima a tocar una canción tradicional y todos gritan “Erdogan, vete ya” y “todos los lugares son Taksim, todos los lugares, resistencia” y todos está muy emocionados y disparan al cielo un fuego artificial y algunas lloran, de la tensión, de la felicidad, de estar otra vez juntos en la plaza. Algunos lloran. Yo lloro.
 
 

De guardia en las barricada

“Cuando atacaron, fui directo a la barricada porque tenía mucho miedo: miedo a que la policía pasara y perdiéramos todo. Jamás olvidaré el momento en el que vi que la policía estaba tan solo a 50 metros del campamento. Habían conseguido pasar las otras defensas y corrí como un loco de barricada en barricada. Lo más importante es que no pasaran las tomas, una especie de tanques que disparan agua y gas. Sin su cobertura, los policías no se atreven a pasar. Son como los elefantes de antes. ¿Tú sabes cómo les ganaban entonces a los elefantes? Me gustaría estudiarlo. ¿Y tú que piensas de los cócteles molotov? Yo no lo tengo muy claro. Porque tirárselos directamente a la policía creo que es feo. A las tomas sí. Hay que evitar que las tomas pasen”.
 
Quién me cuenta esto es un chico turco de 30 años, con la barba espesa de un doctor Bacterio y poco pelo, pero largo. Es ingeniero industrial y ha viajado dos años por Latinoamérica. Parece más un estudiante de filosofía que un guerrero.

Son las 6 de la madrugada y se ha quedado solo en la barricada de atrás: una hilera de escombros, hierros y madera con una bandera turca, otra anarquista y varios esqueletos de paragüas. Me dice: si vienen, hay que mover estos hierros aquí y evitar que pasen. 

– ¿Cómo? 

– Como podamos, me dice, y se encoge se hombros. 

Por suerte, pronto vienen a relevarnos unos chicos con más cicatrices. 

Algunos viven en la calle, me dice.

– Tú no sabes cómo ha cambiado aquí la gente en una semana. Señores con chaqueta y corbata hablan con ellos, y todos con el mismo respeto. Seguidores del Besitkas y del Galatasaray están juntos aquí, cuando antes se mataban. Yo creo que era el gobierno quien los quería separados. Mi teoría es que Erdogan no soporta que quieran más a un equipo de futbol que a Alá. O peor, que le quieran más que a él.

Se le ve extramotivado:

– “Tenemos un día de gas y seis de baile. Yo firmo quedarme con esta vida, este sistema para siempre.”

De camino a otra barricada, me cuenta que muchos políticos de la oposición vienen a hacerse aquí la foto. 

– Ya me gustaría verlos ayudando en alimentacion o limpiando. El otro día vino el alcalde socialista de Kadikoy. 
 
Y no le dejaron entrar con el coche. Así son las normas aquí. Solo pueden pasar las ambulancias o los minúsvalidos. Y él no era ninguno de los dos, por lo que tuvo que bajarse del coche y hacer el resto del camino andando.

Se ríe.
 
Acampados limpian con escobas, bolsas y manos el espacio entre barricadas.
 
En la barricada de la parte frontal hay una bandera con Marx, Lenin y Atatürk (el fundador de la Turquía moderna). 
 
Se quejan de que muy cerca han puesto una bandera del PKK kurdo. Son terroristas, me dice uno. 

– Pero ahora estáis juntos aquí, ¿no?

-Sí, ahora estamos juntos, pero no nuestras ideas.

Amanece. Esta noche no ha habido heridos en #OccupyGezi. Pero sí en Ankara. Sí en otros sitios de Turquía.
 
Un paseo por los miedos

La noche del ataque destrozaron uno de los lados de la biblioteca, pero ya está reconstruida. Igual no le sentó bien el gas al huerto, pero están repoblando algunas plantas y arbustos. En el café del parque han instalado un estudio de televisión libre, Čapul Tv, donde cuentan las últimas novedades sobre las protestas y hacen entrevistas a los acampados. Muchos se duermen por allí porque se está más calentito. 
En la enfermería me cuentan que aquella noche pasaron por allí 546 heridos. Y cuando los estaban atendiendo la policía lanzó unas cuantas bombas de gas allí. La mayoría tienen miedo a ir al hospital porque a veces va allí la policía y los detienen. También hay un hotel cerca, que hace de hospital improvisado. El gobierno lo ha declarado ilegal y ha amenazado a todos los médicos que ayudan a los heridos en el campamento.

Uno de los encargados de la enfermería es un actor turco. Cuenta que la hicieron porque era lo único que no había en el parque. Un periodista belga le entrevista a la vez que yo. Le pregunta: ¿No tenéis miedo, cuando termine esto, de que vayan a por vosotros?

– No. Esto es como un árbol. Aunque rompan alguna rama, sigue verde y creciendo.

– Sí, eso muy poético. Pero hay gente muy mala aquí, policía secreta que te puede meter en la cárcel o secuestrar… lo siento, pero es así.

– Lo siento… pero no tengo miedo.

Le pregunto a una chica turca, que estuvo también en Occupy Wall Street, qué le parece esto en comparación con aquello. 

– Occupy Wall Steet era mejor: allí no mataban.

Me cuenta que el gobierno está deteniendo a muchos tuiteros y que Erdogan dijo que había que regular Twitter porque es “mucho más peligroso que un coche bomba”. Y que Turquía es el país que más personas ha detenido utilizando con la ley antiterrorista.

– No sé que saldrá de todo esto. Lo único que nos une es el odio a Erdogan. En el mejor escenario, Erdogan dimite, los militares no intervienen, y nosotros conseguimos hacer una plataforma o partido nuevo, sin ningún político de ahora, y ganamos. No sé si nos dejaría la OTAN. En el peor escenario, nos matan a todos.

Dice también que, de todas las razones de la protesta, la última es la económica; al revés que en la primavera árabe. La cuestión principal, dice, es la libertad. 

– El famoso pianista tuerco Fazil Say dijo una vez en público: “Prometéis vino y vígenes, pero ya los tenemos aquí, ¿porqué tenemos que esperar a morir?” Son palabras del poeta Hayamm y le costó una condena de 10 meses de cácel.
 
El ultimátum
 
A las siete de la tarde del jueves se acaba el últimatum de 24 horas que dio Erdogan. Se vuelve a llenar el parque. Muchos llevan toga, y también máscara de anonymus. Protestan porque ayer detuvieron a 70 compañeros suyos. Nos preparamos otra vez para lo peor. La gente aquí no se apunta el abogado de guardia en el brazo como en España. Se apunta su grupo sanguíneo. Puede que sea más probable acabar en un hospital que en una comisaría. A ratos esto parece una verbena, huele a quebab y palomitas. Erdogan ha dicho que las madres deberían ir al parque a recoger a sus hijos. Un grupo de mujeres empiezan a hacer una cadena humana e intentan rodear con ella el parque. Es imposible, porque es demasiado grande, pero el mensaje que transmiten es muy claro: “Erdogan, venimos al parque para proteger a nuestros hijos de ti”. 
 
Esta noche también vuelve el pianista y toca durante horas frente al monumento a la Repúblıca. Hay tanta gente alrededor de él que prácticamente pisan a los policías que rodean el monumento a la Repúblıca. Muchos se hacen fotos con ellos. Algunos de los policías incluso sonríen. 

Mientras, Erdogan se echa atrás, y acepta negociar con la Pataforma de Solidaridad con el Parque Gezi. Aquí nadie se fía de él: la otra vez que dijo querer negociar, ordenó el ataque. 

Pero al final, el ataque no será hoy, no esta noche. Quizá mañana.

Último aviso para abandonar el barco

Y el viernes, Erdogan vuelve a decir que espera que el parque sea desalojado esta noche. En la reunión que ha tenido con la Plataforma de Solidaridad con Taksim ha prometido parar las obras del parque hasta que la Corte se manifieste. Y si el fallo fuera a favor, convocar un referéndum. La gente de #OccupyGezi se reparte en siete asambleas para decidir qué hacer, cómo seguir. Es la primera vez que veo asambleas aquí. La plataforma recopila todo lo que se ha hablado, y se discute toda la noche. Al día siguiente saca este comunicado, donde dice que “vamos a seguir esta lucha hasta que se cumplan nuestras demandas” y tambien que “lo más importante que hemos aprendido es que la resistencia no puede ser contenida ni en el tiempo ni en el espacio, y que lo seguirá siendo en todos los aspectos de la vida, en cualquier parte de la ciudad y el país, en cada rincón y en cada momento.”
 
Asamblea en #OccupyGezi
Llega la noche y en la plaza ya está el pianista. Mientras deja por un momento tocar una pieza a un turco, consigo hablar con él y me cuenta que es alemán, pero de origen italiano, que estaba viajando por Europa para transmitir un mensaje de paz, que el piano lo construyó él mismo, que su máxima inspiración es John Lennon y que cree que su música calma a los policías y, de alguna manera, protege a los manifestantes, por lo que seguirá viniendo a Taksim hasta que ya no haya ninguna amenaza. Habla poco y mirando siempre de reojo a su piano, al que está ansioso por volver, como los niño que quieren vover a jugar con su pelota recién estrenada.

En el monumento donde tan cerca toca, hoy ya no hay policías, y en él se suben muchos a escuchar el piano. Parece que va a terminar el concierto, y muchos se levantan, cuando uno nos manda callar a todos, mientras otro coge a una chica de la mano, se arrodilla, le pide matrimonio, todos aplauden, uno grita “ahora tienes que tener tres hijos”, que es lo que pide Erdogan a los matrimonios, se ríen y empieza a llover torrencialmente. Salimos corriendo a refugiarnos  a los toldos de los bares cercanos, pero el pianista sigue tocando y algunos otros le protegen con sus chaquetas, muchos vuelven, llueve muchísimo, aparece un plástico azul que todos sostienen, volvemos muchos, se hacen agujeros, los tapamos como podemos, mientras el pianista sigue tocando, y lo hará toda la noche y parte del día, más de 17 horas seguidas, y después de cada canción, todos aplauden, pero no al pianista, no solo a él, sino a todos, como si cada canción la estuvieran tocando todos, como si cada canción pudiera ser la última, y nadie pensara en la siguiente, como si no hubiera más que sentir la lluvia caliente en los huesos, todos juntos, bajo un plástico azul que se va rompiendo.
@JFernandezLayos
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