El “No” es lo de ellos

Un millón de votos en la Consulta por la Sanidad

Unas mujeres gitanas esperan en la cola que se ha formado a la puerta del ambulatorio de un barrio de Madrid el primer día de votación de la Consulta por la Sanidad, una cola que se mantiene durante la mañana y la tarde. Unas urnas de cartón perfectamente uniformadas coronan cada mesa electoral, detrás unas personas con batas blancas, muchos papeles sobre la mesa y las ranuras de las urnas convenientemente cubiertas para que nadie pueda introducir un voto a destiempo, exactamente igual que en las otras votaciones a presidente del gobierno y eso.

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Sólo se puede votar una vez, ¿ha votado usted ya? Lo primero es registrar ordenadamente número de DNI, nombre y apellidos completos, entonces se puede votar tras leer una enrevesada pregunta. Hay que leerla bien, advierten en la mesa. “¿Está usted a favor de una sanidad de gestión pública, de calidad y universal, y en contra de su privatización y de las leyes que lo permiten?” Las mujeres gitanas preguntan a las batas blancas responsables de la mesa electoral con la papeleta en la mano “¿qué es lo que hay que poner?” Una señora de la fila les contesta “el No es lo de ellos”. Las gitanas resumen: “qué hijos de puta, entonces Sí, claro.”

Lasquetty, el consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid encargado de privatizar las tripas de la Sanidad madrileña dijo de la consulta que se trataba de una “parodia”. Es casi un certificado de éxito. Cada vez que el poder califica de “parodia” la disidencia democrática de las gentes, entonces es que la cosa es muy seria.

La Consulta por la Sanidad ha recogido más de 900.000 votos, un millón largo si se suman los votos por internet, en sólo una semana en Madrid. Algo impensable ni en las más felices expectativas.

En los ambulatorios y hospitales públicos madrileños no sobra el tiempo ni la energía, especialmente ahora que se han multiplicado pacientes, dividido personal en muchos servicios y alargado las horas de trabajo, ahora que se ha jubilado de un día a la mañana, por la fuerza y sin aviso a 700 médicos, ahora que con los recortes hay auxiliares que no llegan a fin de mes, ahora que sobre los trabajadores de la sanidad pesa la sombra del despido por traslado de los servicios a una empresa privada, ahora que los gestores del puño de acero parecen trabajar contra el enemigo que son los sanitarios de los hospitales, rebeldes a la privatización.

El ambiente de trabajo es muy difícil, pesa una sombra muy negra cada día, las gentes de la sanidad saben muy bien del daño insoportable que se anuncia. Lo tienen en las manos. El trabajo desbordado se mezcla con el desmantelamiento encubierto de centros y servicios. Una fuerza enorme e invisible arranca de las manos de los profesionales el objeto de su dedicación durante tantos años, la tremenda complejidad de un sistema público de salud como el que tenemos. Las historias clínicas se volatilizan en el ordenador y se derivan las cirugías a centros privados, se condiciona la clínica desde la pantalla de los ordenadores con el precio estimado de cada tratamiento, no se atiende a personas sin papeles, mal que se mueran.

Los políticos parecen seguir inexorables con su plan de despedazamiento y saqueo a pesar del tsunami social que ha sido la marea blanca en Madrid. Parece irremediable el desastre, se haga lo que se haga, se dice entre dientes.

Pero los actos contradicen a las palabras.

1.875 mesas para la consulta de la sanidad han estado operativas durante todo el día a los largo de una semana. Miles de trabajadores sanitarios involucrados en una complejísima gestión de mesas autorizadas con un código por cada centro de salud y hospital, con un difícil sistema burocrático para coordinar la recogida y centralización de los votos, los participantes organizados en turnos para las mesas con la naturalidad de los turnos de trabajo, con la particularidad de que los hijos están en casa y tarea no falta, a pesar de lo cual ha habido gente que se ha pasado la semana entera prácticamente viviendo en el hospital o en el centro de salud, casi como cuando los encierros de 130 días de muchos de los hospitales.

Llevar a cabo la dificilísima tarea de informar sin medios a los usuarios, o sea, a los seis millones de habitantes de Madrid que están convocados a decidir sobre su Sanidad, sin una tele, sin un periódico, sin un aparato, sindicato, partido, gobierno, sin dinero, sin más máquina detrás que la sencilla voluntad y el trabajo de las gentes. Con la enorme activación de la ciudadanía declarada en rebeldía ante las élites sin piedad en esto que llaman la crisis.

“Cada cual hace lo que puede, se trata de poner un granito de arena”, dice una auxiliar de uno de los hospitales nuevos que pretenden vender. Mucha gente se ha cogido el coche para venir a votar, muchos más celebraban ver por el pueblo las urnas itinerantes que han paseado, “menos mal que venís, yo quería ir a votar pero no tenía tiempo ni sabía donde estaban las mesas”. “Gracias”, “¡no!, gracias a vosotras por estar ahí en la mesa”. Gracias de ida y vuelta generalizadas en todas las mesas. Un millón de votos, un millón de gracias de las gentes para las gentes.

En la plaza donde gritan y juegan bandadas de niños a la pelota, un biombo blanco como un estandarte anuncia la mesa electoral, personas con batas blancas dirigen una liturgia entre usuario-votante-paciente-ciudadano y urna, tan serio como la práctica clínica, mil veces más implicados que, digamos, en las últimas elecciones europeas. Un riguroso ritual repetido un millón de veces en cada mesita en la puerta del ambulatorio, en la calle a donde les ha mandado la consejería bajo prohibición de montarlas en el interior de los centros.

Personas mayores de Madrid han llamado a las familias para descubrir dónde podían ir a votar y se han ido de excursión al hospital con la grave misión de votar por su sanidad.

Un millón de veces.

La revuelta es profundamente democrática, masiva, cívica y sencilla.

Cada vez que un preboste del régimen de saqueo de la educación, sanidad, pensiones, justicia, etc pronuncia la palabra democracia, un gatito muere en alguna parte. Dos democracias que no pueden aparecer en la misma frase, que ni se rozan, que sólo coinciden en las letras.

Y una de ellas, se va tragando a la otra.

#Entradas anteriores sobre la marea blanca en alfinaldelaasamblea:

https://alfinaldelaasamblea.wordpress.com/2012/12/20/por-que-vamos-ganando-o-la-corte-de-los-milagros/

https://alfinaldelaasamblea.wordpress.com/2012/11/26/el-dehielo/

https://alfinaldelaasamblea.wordpress.com/2012/11/07/la-princesa-y-la-nada-carta-de-amor-a-la-princesa/

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