Todos son Rato

Yo, que soy cualquiera, no sé casi nada, como la mayoría. No puedo dar largas explicaciones sobre el sistema económico, ni citar decenas de anécdotas históricas que expliquen lo que están haciendo nuestros dirigentes. No podría justificar ninguno de los argumentos teóricos que dan los responsables de economía, esos que organizan el mundo en mi nombre.
Ellos, por su parte, jamás han intentando explicarme lo que dicen o demostrarlo. No hay debates entre diferentes corrientes económicas, no se entra en los detalles de las decisiones tomadas, no parece que se quiera comprender o explicar. Y no es un problema de que este gobierno tenga una mala campaña de comunicación, que estén haciendo poco esfuerzo para explicarse a los ciudadanos. Llevan toda la historia no explicándose. Y me resulta extraño. Yo cuando debato algo, si tengo argumentos y justificaciones a mi favor me lanzo a ponerlos sobre la mesa. Ellos sin embargo sólo usan argumentos de autoridad. Esto es así porque lo decimos nosotros, que somos diferentes a vosotros. No hace falta que entremos en debates o explicaciones.

Lo poquito que sé sin embargo, es que lo que hacen no funciona: perdemos derechos, perdemos calidad en nuestras vidas, trabajamos cada vez más horas, cada vez hay más paro. La sanidad, la educación, la justicia, los servicios públicos en general se hunden y cada vez son más exclusivos. Cada vez hay más pobreza en el mundo, cada vez se vive peor. Ellos ponen el foco en teorías injustificadas, mientras el experimento que tenemos a nuestro alrededor las rechaza día tras día. Y seguimos así. Negando el mundo que vemos. Eso es irracional.

Dicen que no importa que no entendamos lo que dicen, que nos deberíamos fiar porque son los mejores, porque los organismos internacionales les controlan, porque el mercado les controla.
Como ahora está de moda el personaje, me voy a ver la biografía de Rodrigo Rato, uno de los claros exponentes de esos expertos de los que debemos fiarnos. Tecnólogos se llaman, para no ensuciarse con la palábra “política”, que suena poco científica. Rodrigo Rato, ese hombre que no estudió económicas y sin embargo fue nombrado Ministro de Economía. Bueno, estudió un máster en… ¡¿Administración de Empresas?! ¿Esa es la formación económica del que estaba a la cabeza de la economía del país? Ese, que después saltó a ser director del FMI (esos organismos internacionales que deberían controlar a los países), ese que después pasó a ser presidente de Caja Madrid (esos mercados que deberían poner racionalidad en la economía). Al acabar de leer uno se queda sin respiración: Él era todos. El que no sabía fue elegido sucesivamente como cabeza de todos los que organizan y controlan el sistema económico. ¿Cómo nos sentiríamos si nuestro médico nos recetara pastillas de la farmacéutica de la cual es el director? ¿y si, peor aún, el que compartiera cargos no fuera nuestro médico sino el ministro de Sanidad?
No comento lo de Rato por que me interese especialmente su figura, él es uno cualquiera de todos ellos, todos los que le respaldaron en su partido, en el FMI, en Bankia. Él da igual, es el sistema el que está fuera de control, el que es uno e indivisible. Nadie controla a nadie porque son todos el mismo. Todos son Rato.

No hay debate real ni explicación, sólo fe en que la teoría, en este caso el dogma porque no se respalda en nada, dice que es el mejor sistema posible, aunque la realidad nos diga día tras día, que no funciona en absoluto.
No hay control, porque sus múltiples cabezas salen de un mismo cuello.
No son los mejores, ni son nosotros, son un 1% que no para de demostrarnos que no sabe cómo mejorar el mundo, y aun así ahí están, controlándolo todo, fuera de control.

Pero estamos de suerte, porque no tienen ninguna fuerza. Por el camino, mientras negociaban sus sueldos millonarios, sus sobresueldos, y los mejores puestos en los consejos de administración, se olvidaron de que la irracionalidad y el absurdo sólo puede mantenerse por la fuerza. Se contentaron con el lavado de cerebro superficial al que nos enfrentan los medios, la publicidad, sus campañas, … Y mientras tanto nosotros diseñamos redes, maneras de estar conectados, de acercarnos a la realidad que está por debajo de sus mentiras, de compartir nuestros intentos de derribar ese sistema destructor, de aprender unos de otros. Nuestras rebeliones cada vez saltan más rápido de una ciudad a otra, de un país a otro. La información cada vez nos llega más rápido después de sus mentiras. Nuestras técnicas cada vez son más efectivas. La revolución es exponencial, la singularidad se acerca. Los cualquiera cada vez somos más conscientes de que hay que reventar esa relación entre señores y siervos de la política, que ellos deben estar a nuestro servicio, respondiendo a nuestra voluntad, que la única política real es la que estamos haciendo nosotros. Cada vez tenemos más claro que cada uno sabremos y podremos hacer muy poco, pero que si sumamos todas nuestras pequeñas aportaciones, el colectivo que estamos tejiendo es brutalmente efectivo e imparable. Les damos un millón de vueltas.
Todo se acelera, los saltos cada vez son más rápidos, estamos a tres pasos de quitarnos a esos inútiles de encima. Pensemos, creemos, salvajemente, con nuestras ideas más potentes y radicales. Todos juntos. Más allá de nuestros problemas o los de nuestro sector. Colectivamente. Es nuestro momento.


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2 respuestas a Todos son Rato

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