La Diada y el 15M – Barcelona no estás sola

El 17 de mayo de 2011, primer día de afluencia masiva de aquel 15M, la plaza de Catalunya de Barcelona, como cientos de plazas por toda España, se llenó de gentes que eran como nosotros. La emoción fue enorme.

El 27 de mayo de 2011 los policías autonómicos, a las órdenes del que sigue siendo consejero de interior de la Generalitat catalana, desalojan salvajemente la misma plaza de Barcelona ante la resistencia pasiva de la gente. Muchos lloramos por primera vez desde hacía años viendo aquellas imágenes de hermosa dignidad. Esa tarde la Puerta del Sol como tantas plazas de todo el país, se llenó de flores al grito de “Barcelona, no estás sola”. Volvimos a emocionarnos en la plaza. Nada era como nos lo habían contado hasta entonces, día tras día desde que tengo memoria.

Barcelona no estás sola – Puerta del Sol 27 mayo 2011

¿Por dónde empezar entonces, por dónde han llegado, cómo hablar hoy de banderas, con qué palabras pensar los atavismos de nuestro imaginario político?

Siento que de golpe tuviera que hablar con mi bisabuelo o que alguien hubiera sustituido súbitamente el marco de comunicación, el escenario. Como si estuvieras charlando con tu novia en un parque y de repente estuviéramos en un plató del telediario o en un juicio, en el que un señor con puñetas dice nosequé sobre una nación.

Parece que el pasado día 11 de septiembre, Diada en Cataluña, todo haya cambiado, sin que cambiara nada. La enorme energía social y política acumulada acaba de ser, aparentemente, catalizada, organizada y rentabilizada de manera bien distinta a lo que venía ocurriendo desde aquel 15M, en el formato más arcaico posible: la nación. El 11S disuelve al 15M.

He leído argumentos de opinadores que hasta ahora eran más bien afines a un movimiento del tipo 15M y que ahora se suben al buque soberanista, natural continuidad de la indignación social anterior, según ellos.

El signo de los tiempos podría ser el de las disidencias ciudadanas que se desentienden de la opinión pública clásica emitida por la mastodóntica matriz aparatos de los partidos políticos/ medios de comunicación/ grupos financieros. Bajo ese enrejado que organiza las democracias occidentales en mundos perfectamente comprensibles a través de cualquier tertulia de la tele y en los cuales dos opciones enfrentadas exigen ser votadas cada cuatro años, un nuevo cerebro, una nueva sensibilidad germinada en la sociedad en red comenzaba a librarse del encorsetamiento de la opinión dirigida y de la autoridad de la palabra. Ahora cualquiera puede comunicar, especialmente en cuanto cualquiera.

Una nueva sensibilidad ha emergido con fuerza en el centro de los escenarios políticos y ha sido capaz de exhibirse públicamente en múltiples sociedades alrededor del globo. Los sistemas de representación clásicos van perdiendo eficacia, nuevas generaciones hablan desde las singularidades, desde los cualquiera y los contenidos políticos se humanizan particularmente: se habla de desahucios, de bienes comunes, de personas aplastadas por políticos y banqueros, etc.

Dinámicas de bordes blandos, modos de pensamiento y acción que permiten el acogimiento. Tecnología social intuitiva al servicio de la disidencia, para poder fugarse de la lógica formal de un mundo desquiciado, de un sistema de extracción social que se lo va tragando todo y que mientras nos mantiene inmóviles con sus dispositivos de representación, con sus imaginarios de telediario, con su educación en valores, va dejando tras de sí una enormidad de sufrimiento social.

Y llega el 11 de septiembre y una multitud sueña con una bandera. Lo que hubiera podido ser abierto ahora es cerrado, lo que antes eran personas ahora es una Nación, lo que eran recortes ahora será El Estado y lo que antes era obediencia ahora es disidencia, de España. Donde antes lo enemigo era la lógica 1% contra 99%, ahora ya existe el enemigo: la España parásita y postfranquista. Ya no somos lo mismo, ahora uno es de Murcia o de Madrid y otro, con el que no tendrá nada que ver, junto con el que no podrá hacer la revolución, con el que no comparte referentes culturales, emocionales y políticos suficientes, es de Tarragona. Algo que sin embargo, jamás podrá constatar un señor de Murcia en Barcelona.

Sería muy ingenuo pensar que el aparato de ficción que supone la nación y funda, no sólo el sistema de estados/nación desde la modernidad, sino los cimientos mismos de nuestro imaginario político y social para comprender el mundo, vaya a resultar ineficaz de la noche a la mañana. El mecanismo nacional es el agregante social inoculado por los poderes desde hace algunos siglos pero muy especialmente desde la Primera Guerra Mundial del siglo XX cuando se reconstruye un mundo a base de imaginarios nacionales.

Evidentemente la nación es una ficción, es decir, está forjada de la misma naturaleza que el resto de los consensos virtuales que organizan y dan forma a nuestro mundo, desde los derechos humanos hasta la libertad individual. Es sin embargo una ficción con dos poderosas peculiaridades:

1) Carece de significado político. Es un significante debajo del cual se puede encajar, siempre, cualquier cosa, cualquier mundo político y social, desde un fascismo ralo hasta una democracia social. La traducción material de la nación, el estado que habita bajo ella, o mejor, el que la recrea y proyecta, nada tiene que ver en su contenido con la primera. Nación no significa, sólo late.

2) Ningún otro objeto simbólico y político consigue activar tan ferozmente el bulbo raquídeo del interlocutor, el arqueocerebro de transmisión de emociones, la emoción de pertenencia a un clan maternal. Son los sólidos basamentos de nuestra genealogía subconsciente, o si se quiere, del mamífero social que somos.
¿Por qué un 11S/Diada puede disolver un 15M?

Una posibilidad:

El mundo formal, el ordenado por la lógica del capital invisible que fluye y lo galvaniza todo, inocula ansiedad y urgencia, en forma de crisis, en su ataque a los últimos silos del estado de bienestar, en su expolio de la riqueza social. La lógica de urgencia, desastre y eficacia domina el proceso. La ansiedad es su naturaleza. Hacen falta soluciones ya.

La nueva disidencia se dice a sí misma. El nuevo cerebro político piensa y siente como una animal invertebrado, reticular, la inteligencia es colectiva y las sensibilidades son extensas y dispersas. La lógica rebelde piensa distinto, por eso es subversiva.
El lenguaje de la urgencia y de la inmediatez es el del poder, el lenguaje reflexivo, el que intuye que el problema es profundamente político, el que pugna por hacer incomprensibles los mecanismos de representación que mantienen el statu quo fosilizado, el que piensa una vida digna de cualquiera mientras alguien habla de la prima de riesgo, el que es capaz de afectar a la virtualidad del 99% contra los que está pensado el mundo material.

La subversión habla un lenguaje que no entiende el poder, porque no puede entenderlo. Un lógica contra otra. El poder entiende muy bien la nación y la patria.

Pero el lenguaje de la disidencia es lento e ingobernable. Nada lo embrida y no se puede acelerar el proceso de autoconsciencia. Se dice a sí mismo, despacio. Izar una bandera es rápido. Es fácil bajarse del esforzado camino de pensarnos para comprar un viaje rápido, una llave que todo lo va a ordenar, la posibilidad de un mundo mejor con un solo golpe de mano, con un nombre de bandera y de nación. La ansiedad exige un ansiolítico.

Vivimos una guerra y en la guerra se pierden batallas. Guerra entre lógicas enfrentadas, logos incompatibles y excluyentes que ordenan y gobiernan el imago mundi, la representación mental y dialéctica del mundo, aunque atraviesen alternativamente a las mismas personas, aunque sea difícil encontrar enemigos concretos.

El poder, por definición, dispone de armas formidables, es capaz de maniobrar y cubrir las fallas con estrategias antiguas pero aún muy eficaces.

Muy obviamente el 11S no puede ser una continuidad del 15M, en contra de lo que argumentan algunos de los nuevos conversos, muy especialmente de los que aún ostentan un lugar de palabra privilegiado. El 15M supone apertura, inclusividad exhaustiva, acogimiento, cuidados, humanización política. Un proyecto soberanista es exactamente lo contrario, es un cierre por definición, una separación entre nosotros y los otros, es la reivindicación de la identidad, es lo opuesto a los cualquieras, es la representación más fuerte bajo la cual, y por obra del deseo, se construirá un mundo feliz.

Estamos ante un debate hecho de la misma materia de los sueños y de las emociones, porque Cataluña ya es una nación, en tanto así lo sientan y se lo digan sus miembros, y ya tiene un estado, al que sólo le falta un ejército (¿!) y una desviación fiscal (¿!), asuntos de orden y naturaleza incompatible con la emotividad de las buenas gentes que se manifiestan bajo la senyera. La materia de los sueños es también la de las pesadillas.

Una emoción es el último argumento posible de lo inargumentable. Ni más ni menos, que una emoción, las que nos permiten la vida. Las personas somos las mismas, veremos si las potencias de cierta lógica de la disidencia acaban por persuadir la humanidad común que compartimos.

La sensibilidad y la inteligencia colectiva son lentas, pero muy capaces.

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5 respuestas a La Diada y el 15M – Barcelona no estás sola

  1. Anónimo dijo:

    Con esta lógica tan pobre pienso que no debes ser capaz de entender como pudo ser que el que recibiera más palos por parte de los mossos en el desalojo de Plaça Catalunya fuera David Fernández, quizá el independentista más irreductible que haya ahora mismo en el parlamento.
    A los que no nos consideramos nacionalistas pero si que creemos que la independencia es la mejor opción -y llevamos más años que Mas con estas ideas- y que somos de izquierdas de toda la vida (en la calle, con todas las movidas pre y post 15M) nos molestan profundamente tus palabras y se suman a los ya infinitos motivos que tenemos para largarnos de este país podrido que es el estado español, España o llamale cómo quieras.

    Saludos

  2. Ramon dijo:

    ¿Pero qué pasa? ¿que si Catalunya deja de depender de Espanya, en Madrid ya no diran “Barcelona, no estás sola”? ¿tan dependiente del estado es su sentimiento de solidaridad? ¿qué maquivélicas intenciones llevan a catalogar como cerrado un clamor por la libertad de decidir? ¿a alguien no se le dejó acudir a la manifestación? ¿el posible estado catalán levantará un muro?
    Insistir machaconamente como se está haciendo por parte de determinados elementos “quincemeros” i/o “izquierdosos” en identificar el sentimiento identitario con el 1% catalán es hacer un flaco favor al sentimiento de rebeldía del 99%. Otorgar el patrimonio de ese sentimiento a los neoliberales, a CiU, a los malos en definitiva, precisamente a los que más que tenerlo, lo utilizan, es intentar privar de una fuerza a los que unen todas las independencias en una. Ver también “I si el procés fos liderat per Teresa Forcades i no per Mas” en http://www.catacctsiac.cat/docs_observatori/escrits/i_si_la_lider_fos_teresa_forcades.pdf
    He de considerar, además, que se trata de elementos “quincemeros” i/o “izquierdosos” que nunca han puesto el más mínimo interés en integrarse, en el sentido de respectar, a la comunidad a la que se incorporaron. Así, por ejemplo, aún no he leído ningún escrito en este sentido en catalán.
    Estoy en contra de la familia, como elemento reproductor del sistema, de la propiedad privada, será por lo mismo que el 99%, porque toda la tiene el 1%, y del estado como arma de expoliación. Pero tengo familia, tengo hipoteca, y defiendo el estado de bienestar. Las contradicciones hay que trabajarlas, no ahondarlas demagógicamente con proclamas lerrouxistas. Ni de derechas ni de izquierdas, ni mucho menos pretendiendo que las comparta el 15M.

  3. joe dijo:

    Sobre la comunidad y la sed: munus

    <>.

    Roberto Esposito: Comunidad,inmunidad y biopolitica (Herder)

  4. joe dijo:

    Fa un moment vaig enviar això a la APG de girona:
    La font de la sed

    Sobre la comunidad y la sed: munus

    <<Mientras el neocomunitarismo americano – aunque también la sociología organicista alemana- vincula la idea de propiedad con la de pertenencia,identidad y propiedad- la comunidad como lo que identifica a alguien con su propio grupo étnico, su propio territorio o su propia lengua- ,el término originario de <> posee un sentido radicalmente diferente. Basta abrir el diccionario
    para saber que <> es el contrario exacto de <>:común es aquello que no es propio, ni apropiable por parte de nadie, que es de todos y/o, por lo menos, de muchos – y que , por lo tanto, no se refiere a sí mismo, sino a lo otro.
    Si trazamos la etimología del término latino de communitas, obtendremos la confirmación más directa de lo anterior: communitas deriva de munus, que significa
    <> y también <> frente al otro. Esto significa que los miembros de la comunidad, más que identificarse por una común pertenencia, están vinculados
    por un deber reciproco de dar, por una ley que obliga a salir de sí para volver al otro y llegar casi a la expropiarse en su favor>>.

    Roberto Esposito: Comunidad,inmunidad y biopolitica (Herder)
    Un nazcut a Grana , que viu a Catalunya.
    josep

  5. N. dijo:

    Dices “Cataluña ya es una nación”. Y yo, que catalana no soy, me pregunto: “pues si es así, ¿por qué le jodió tanto al Tribunal Constitucional (al cual no te refieres en todo el texto)?”. Entre otras cosas. Creo que todo es mucho más complejo que la dicotomía que planteas, 15M/11S, apertura/oclusión. Que la nación es una ficción… tal vez, en todo caso, unas más que otras. Hay una que se define a sí misma como “unidad indisoluble”. Quizás también convendría mirar ésta, es un poco trampa hablar de bordes blandos sobre un suelo incuestionable. Cuestionemos todas las naciones entonces. Pero todas. Si no, es trampa.

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