Las cacerolas espantan al lobo.

Quién teme al lobo feroz, al lobo, al lobo…: ¡Clang, clang, clang, clang, clang…!

Estamos en Madrid.
Las hostias han dejado de funcionar en el control de la disidencia, porque ahora resulta que la disidencia supone el 99%.
Gracias a las mutaciones tecno-políticas en el cuerpo social todos los porrazos, amenazas, puñetazos y patadas destinados a paralizar la movilización del ciudadano responsable, han caído en saco roto de la mano de dispositivos móviles permanentemente conectados. Miles y miles de ojos y oídos lo ven y lo escuchan todo. Cada gesto es registado y compartido en tiempo real entre milllones de personas en todo el planeta. El espectáculo macabro para consumo interno se convierte en segundos en Trending Topic y aparece en las portadas de medio mundo al día siguiente. El desalojo de Plaza Catalunya, la #primaveravalencia del Lluis Vives, las redadas racistas, los desahucios. El engaño ya no funciona. Hay que cambiar las tornas.
Y por si esto fuera poco, el ciudadano ya no se puede responsabilizar de sus deudas. Las deudas son una estafa. La cosa está clara. (Solo)Hay dinero para Rato. ¡Su Botín, mi crisis! En este nuevo contexto, seguir dando palos sería un suicidio político para los esbirros de turno elegidos democríticamente.

Las jornadas del 12M15M han supuesto un punto de inflexión en la gestión de la disidencia en Madrid. El nuevo equipo de la señora Cifuentes no ha tenido más remedio que revisar su plan de ataque en las calles para minimizar la empatía de la población por ese fantasma que recorre el mundo nacido de las plazas del mediterráneo. ¡Nada de palos! o que no se noten ¡por Dios! La legitimidad democrática se les derrama por los bajos de los pantalones. Necesitan a toda costa no parecer tan brutales como se sienten y como lo padecen sus víctimas. Necesitaban nuevas ideas y las han importado.
Las hostias se les siguen escapando, naturalmente, porque han sido muchas décadas de férrea disciplina imposibles de borrar de un plumazo. Cada golpe, cada agresión continúan volando a gran velocidad por los cables de datos y se instalan en las redacciones en cuestión de minutos, listos para el telediario que verán millones de personas, otra vez.
Pero al margen de algunos estúpidos y comprometedores deslices el mensaje de la Delegación del Gobierno es nuevo. Quieren ganar el pulso democrático. Ellos ya no golpean. Ellos solo quieren hacer cumplir la ley al pie de la letra. Así, imponen un toque de queda y dentro de su razonabilidad lo incumplen cuando lo ven necesario. Ese límite sólo lo deciden ellos. Y deben hacer ver que son ellos quienes tienen la sartén por el mango.

Cuando el momento es oportuno proceden a limpiar la calle conscientes de las miles de cámaras que tomarán parte en el desenlace y de los testigos omnipresentes que darán cuenta de lo que allí suceda.
Y en esto, los cualquiera les retamos una y otra vez y también decidimos coger la sartén por el mango. Para hacerla vibrar alto y claro con un mensaje ensordecedor de desobediencia a los dictados del 1% que nos llevan a la ruina.

Es así que Delegación de Gobierno da la orden de sustituir la porra y el escudo por el lápiz y la libreta. El plan es el mismo. Amedrentar, hostigar a la población; hacer que se caguen de miedo. Pero esta vez un miedo que consideran más digerible por una población indignada pero hipercívica, que clama por una democracia real ya. Su solución de urgencia es la multa.
Delegación de Gobierno traza un plan de jaulas móviles para atrapar a grupos de ciudadanos en su tránsito por la ciudad. Los barrotes de las jaulas son fornidos antidisturbios que impiden la entrada y la salida de esos corrales humanos. Cada una de las ovejas atrapadas es conminada a identificarse en nombre de la ley. Allí dentro se toman los datos de cada indefenso ciudadano para completar este rito inaugural por el que se inscribe el temor en cada cuerpo. “Será usted propuesto para sanción.” Multa. Renta disminuida. Deuda con el Estado. ¿Pero no creerán que con esto recaudarán los miles de millones que piden para rescatar a Bankia?
Y el plan sigue su curso. Noches de redadas. Kettling. Identificaciones aleatorias en cualquier esquina. Abordajes selectivos en mitad de una plaza o una calle.

Pero no. No tenemos miedo. Sentimos tener que decirlo. Es un plan bastante chapucero. Llegan miles de multas. Es un absurdo. Sin pies ni cabeza. Mientras los señores agentes de la ley anotan mis datos a boli en una libreta cualquiera, miles de ojos y oídos continúan registrando minuciosamente la escena que servirá más tarde como prueba inequívoca del despropósito, del abuso de autoridad, del despilfarro de recursos públicos que hacen evidente la estafa de la crisis.

No es nuestro miedo sino el miedo del lobo el que puede olerse en cada declaración pública de la Delegada del Gobierno. El miedo del lobo cristaliza en el acoso sistemático al ciudadano sin nombre.

Se convocan caceroladas a las que acuden multitudes heterogéneas. El sonido atronador de miles de cacerolas espanta al lobo. En su huida el lobo gruñe y enseña los colmillos, pero no le queda mucho más que hacer. Se ha dado cuenta de que no somos ovejas. Somos el 99% y huye a la carrera.

Soy empresario de una PYME que ha creado una decena de puestos de trabajo en el campo de las nuevas tecnologías. Ha pagado sus impuestos religiosamente. El IVA, el IRPF, etc… cada céntimo, hasta el último. Ahora las cosas no van bien y los encargos escasean. Hay poco trabajo. Estoy sólo en mitad de una plaza y cargo una mochila a la espalda. Cientos de transeúntes se cruzan conmigo y con la pareja de UIP que acaba de abordarme a la carrera. Esa breve y repentina carrera de los UIP me ha dejado estupefacto. No corría, pensaba que aquello no iba conmigo. Otros transeúntes están sentados junto a un parterre diseñado para evitarlo. Otros intentan ganarse la vida como pueden disfrazados de personajes del marketing infantil. Otros miran. Otros, pocos, huyen.

UIP.- ¿Me permite su documentación?

Persona.- ¿Por qué motivo?

UIP.- Por la ley de seguridad ciudadana.

Persona.- Ya, pero le pregunto que por qué motivo. ¿Qué razones tiene para pedirme la documentación?

UIP.- Ya se lo he dicho. La ley de seguridad ciudadana. Ley orgánica 1/92. Seguro que usted la conoce.

Persona.- Muy bien, pero eso no es una razón. Eso es una ley. Yo le pregunto que a santo de qué quiere hacer uso de esa ley para pedirme la documentación cuando estoy caminando solo en mitad de una plaza. Si no estoy equivocado esa ley le permite a usted requerirme que me identifique si entiende que es necesario hacerlo para prevenir o indagar algún delito. Entonces, ¿qué motivos tiene para pedirme la documentación?

UIP.- Usted sabrá.

En mitad del control selectivo varias personas se acercan, algunos graban con sus móviles y luego se retiran. Todos perciben que hay un acoso por parte de los UIP, una voluntad manifiesta de amedrentar.

Persona.- No, no lo sé. Son ustedes los que me piden la documentación sin motivo aparente y por eso les pido explicaciones.

UIP.- ¿Tiene algún problema en mostrarme su documentación? ¿No va a colaborar?

Persona.- No, ningún problema. Solo trataba de entender qué ocurre. Yo también estaba intentando seguir al pie de la letra lo que marca la ley. Tome. Aquí tiene.

La pareja del UIP saca una libreta y anota con dificultad los datos de mi DNI. Está de pie y la postura no es muy cómoda. Su letra es grande y torcida, puede leerse a la legua. Me devuelven el DNI. Lo guardo. Se van. En seguida se acercan varias personas a preguntarme. Empatizan al instante. Detrás de mi un chico llama. Me giro y me muestra el vídeo en el que acaba de registrar todo este absurdo. Al instante me transfiere el vídeo por bluetooth. Me pregunta si he visto a otro chico con camiseta roja. A él también le han identificado y quiere pasarle una copia para que pueda defenderse. Otra persona se me acerca. Ha sido testigo de la situación y al comprobar que todo está grabado se ofrece para dar publicidad al documento. Intercambiamos las cuentas de twitter. Es periodista y ayudará con la difusión de la prueba. Prueba de acoso. Prueba de irregularidad en la aplicación de la ley. Prueba de una política diseñada desde arriba para inocular miedo en el cuerpo social y contener a la población fuera de los asuntos públicos. Prueba de la cooperación entre el 99% y de que esto es imparable. Estamos en todas partes. Oiréis cacerolas sonando en cada esquina, en cada plaza, en cada balcón. Todo quedará registrado. Es el procedimiento de verdad del 99%.

Somos miles. No tenemos miedo. Somos Legión. Esperadnos.

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Una respuesta a Las cacerolas espantan al lobo.

  1. Anónimo dijo:

    Oye, porque no subes el link del video.

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