El correbou

Queremos una escuela digna.

Palos.

Sólo queremos eso, una escuela digna.

Palos, palos y más palos.

Queremos una escuela digna.

Bendita dignidad

Hay un toro suelto en la calle, un correbou. Le ponen capotes, vallas, palos, puyas, para recordarle lo que es, un toro, que entrará a toriles cabreado.

El toro siempre pierde.

El poder quiere que seamos un correbou y que nos comportemos como lo que somos, como los que queremos “incendiar Valencia”, como los perroflautas, como los radicales violentos, como los rojos, progres, hipis, punkis, antisistema que somos. El poder quiere que nos identifiquemos, que seamos El Enemigo de una maldita vez, quiere apresurarse a transmitir en las tertulias de la tele que queremos hacer barricadas, que somos lo que sospechaban, juventudes del PSOE local o sindicalistas o anarquistas o de la kaleborroka.

El poder necesita que volvamos a colocarnos en la foto, en la primera página del periódico, para que todo esté claro y quieto otra vez. Para que el mundo se ordene tal y como estaba, para que se quede en casa quien no se sienta aludido o identificado con la descripción, para que se quede en casa quien crea que los que bajan a la calle “no son los suyos”.

El poder necesita que le digamos que somos la izquierda contra la derecha, que esto es el 36, que somos el Frente Popular o que somos Atenas ardiendo. Sólo necesita que le digamos que sólo creemos en la lucha violenta como la suya. Para que mi tía se quede en casa, para que mi abuelo se quede en casa, para que yo me quede en casa.

Necesita que le digamos quiénes somos para respirar aliviado, porque no se puede reprimir al 99%, porque no se puede detener a las abuelas, a los niños, a los invidentes, a las madres primerizas, a los de bachillerato, a los jubilados, a un señor que pasaba por allí y a una mujer que espera el autobús y se queja de la violencia policial… porque no se puede pegar al aire, porque no hay lecheras de la policía en el mundo para cerrar todas las calles y plazas, para detener a cualquiera, a todos los cualquiera, al 99%.

El poder necesita que tengamos miedo, pero sobre todo que tengamos rabia, odio, furia y asco. El poder necesita que entremos al capote, que respondamos a las puyas y hagamos lo que debemos, lo que somos: un toro. El poder quiere que miremos fijamente los toriles. No puede permitir que siga abierta la grieta por la que se fugan en riada chorros de cualquieras. La fuga es masiva. Hay que explicarle a la gente quién es quién, para que ocupen sus sitios, los que nos tenían preparados, los del coche de papá que no va a ningún sitio.

El poder nos pone un capote para que lo miremos fijamente, para que las niñas y los abuelos, las estudiantes y los trabajadores a los que han pegado sólo puedan pensar en la policía. Sólo puedan sentir su miedo y su rabia.

No puede permitir que sigamos pensando en la educación, en la salud y en la sanidad, en lo común, en la deuda soberana, en la calle y en las aulas, en cómo queremos convivir. El poder no puede permitir que sigamos atentos a los desahucios, a sus leyes electorales y a sus decretazos. No puede permitir que nos rebelemos y dudemos del mismo poder. No puede permitir que hablemos y nos escuchemos y colaboremos y no obedezcamos. No puede permitir que dudemos de lo que nos dice la tertulia, que dudemos de si esto es democracia, de la deuda soberana y de los recortes necesarios, que dudemos de que no se puede hacer nada y de que la culpa es de los mercados. El poder no puede permitir que dudemos de que tenemos que identificarnos, de que el malestar es compartible y de que cualquiera está llamado a decidir cómo queremos (con)vivir.

El poder no puede permitir la alegría intensa de estar juntos en la calle, una alegría que mata el poder, que lo achicharra, lo inutiliza, lo convierte en un cañón muy grande apuntando a una mosca, que lo transforma en un ridículo boxeador en combate contra el mismísimo aire.

El poder no puede permitir que no seamos un correbou, que seamos el 99% y que mantengamos la bendita alegría.

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Una respuesta a El correbou

  1. Nie Ves dijo:

    Estoy al 100% de acuerdo. Dice un dicho “Al pueblo, pan y circo”. Qué fáciles somos.

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