#reinicia15M – UN PASO ATRÁS Y EPITAFIO (PARA MÍ MISMO)

A raíz del comunicado de huelga lanzado por la comisión de extensión de internacional de  Sol, ha estado circulando por distintas listas de correo, un texto de un compañero de la asamblea de Retiro, que nos ha parecido interesante publicarla como elemento para la reflexión.

Fuimos 300 y ahora somos 30. Y en solo 6 meses. Un ritmo de desafección de 45 bajas por mes. El mes que viene estaremos en negativo. Quizá no, porque el ritmo no es lineal y llevamos un tiempo con caídas reducidas, pero no se ven incorporaciones y sí desafecciones. Sí seremos menos (¿o seréis? ¿o serán?)
Fuimos 120 asambleas de pueblos y barrios y ahora sólo somos 80 activas en el mejor de los casos.
La pregunta siempre se plantea en función de la causa de las bajas. ¿Por qué la gente deja de venir a las asambleas?; ¿por qué se pierde fuerza de trabajo y movilización?.
Como además las bajas dejan de venir, el plantear así la pregunta permite que cada uno de los que permanece pueda hacer el análisis que considere, interpretando a su modo el pensamiento de los que se han ido, con los prejuicios que sean necesarios.

Quizá el problema radique en que la pregunta esté mal formulada. Se plantea el análisis como el de un ministro que ve su estatus en riesgo. Un ministro cuestionado nunca ve que haya causas que le lleven a dimitir (él lo hace bien), pero nunca se cuestionó la existencia de motivos para ser nombrado ministro. El nombramiento se produce por designio divino
mientras que para el “desnombramiento” es necesaria alguna causa, cuando la situación “normal” del personal es la de “no ser ministro”.

Un ministro honesto debiera preguntarse permanentemente si existe alguna razón para que siga siendo ministro Quizá en nuestro caso la pregunta debiera haber estado planteada cuando, de repente, nos encontramos 300 en la plaza de los chorros. La respuesta normal a las convocatorias en el barrio era de unas 30 personas (en los casos buenos), así que, ahora, simplemente estamos recuperando la normalidad. Sigue habiendo 30 personas que responden a algo. Después de haber sido ministros volvemos a no serlo. La pregunta no debe ser por qué decrecemos sino cómo es que en algún momento cercano llegamos a ser 300.

Eso quiere decir, desde mi punto de vista, que la pregunta del por qué se reduce gradualmente la asistencia tiene una respuesta fácil: porque 30 es el número de este barrio,
porque es la situación normal, porque no hay ninguna razón que conduzca a que exista un crecimiento en la movilización subjetiva.

¿Es la situación satisfactoria?. Sin ningún género de duda, para los que permanecen, al menos, no; nunca puede ser satisfactoria la pérdida de fuerza, de capacidad. Para los que han dado un paso atrás, no se sabe. Para unos sí y para otros no, probablemente. Unos pensarán que el grupo les ha expulsado y otros pensarán que se equivocaron incorporándose, mientras que los restantes, simplemente, se han ido. Entonces surge la pregunta que siempre se repite: ¿cómo nos extendemos?, ¿cómo “llegamos” a los otros, sean los que han abandonado u otros distintos?.

Y, probablemente, ahora, al enfrentar la pregunta tengamos una ventaja respecto de las veces anteriores y es la de haber vivido un momento de crecimiento repentino. Si fuésemos
capaces de encontrar las causas profundas de la explosión de mayo, estaríamos en condiciones de crear el espacio y las condiciones para que pudiera repetirse e, incluso, superarse.
También tenemos un inconveniente descomunal. Los más próximos, aquellos más proclives a escuchar y a incorporarse ya lo han probado y no han salido convencidos. Ahora será más
difícil volver a llegar a ellos. Dentro de la lógica empresarial, el primer mandato es no perder un cliente; conseguir clientes nuevos viene después.

Conclusión (personal): Necesitamos analizar las causas que provocaron la respuesta de este barrio al 15M, en lugar de centrarnos en el análisis, negativo y estéril, de las causas
que provocan el retorno a la normalidad de los 30 incombustibles.
Aquí cada uno (sin recurrir a interpretar pensamientos ajenos) puede mirarse dentro y pensar en lo que le hizo movilizarse aquel día de mayo en el que se celebró la primera asamblea o incorporarse un poco después, en la seguridad que muchas de esas causas fueron compartidas por los que hoy ya no están.
Una primera reflexión debe referirse al momento en que se produce esa primera asamblea y, concretamente, al hecho que se produce antes que ninguna gran manifestación. Es consecuencia de lo acaecido en Sol, no de la convocatoria de ningún colectivo concreto. En Sol ha pasado y está pasando algo nuevo que a mí me lleva a pensar en sumarme y, por
tanto, acudo a la asamblea de mi barrio, surgida como descentralización del centro Sol.

Consecuencia de lo anterior, ¿qué es lo nuevo que está pasando en Sol?. Aquí también cada uno tiene su propia visión, sin duda influida por la propia subjetividad pero también por la información que le llega. No admite generalización más que mediante la comunicación directa entre las personas. Lo “nuevo” no es algo objetivo y absoluto sino que es una
percepción de cada uno. Para mí:
Es nuevo el hecho de acampar en un lugar público, de un modo pacífico y defendiendo la respuesta pacífica. Unos “perroflautas” acampan y ni se emborrachan ni arman gresca.
Montan asambleas y debaten.
Es nueva la capacidad de organización. En poco tiempo se resuelven problemas de coexistencia y se articula un modo de relación, creando estructuras básicas que surgen de
reflexiones en común.
Es nueva la repercusión mediática que tiene esta “acampada sol”. Y la simpatía con que la ve mucha gente. También la expectación que crea
Es nueva la capacidad de trabajo en común, en ausencia de dinero y en un momento en que se producen campañas electorales, sin especial interés pero con un apreciable dispendio de fondos públicos. La autogestión que permite resolver muchos de los problemas
Es nueva la amplitud y generalidad de los mensajes. Las reivindicaciones son tan de Perogrullo que difícilmente una persona de buena voluntad puede dudar en suscribirlas y
cubren un gran abanico de cuestiones (sorprendentemente es chillona la ausencia de una especial atención al paro y a la precarización del empleo). Es de las pocas veces que se
pueden expresar en tan sólo un slogan
Es nueva lo que se ha venido denominando horizontalidad (todos son iguales a la hora de proponer y decidir) e inclusividad (para participar no hay que inscribirse en ningún sitio y existe el intento serio de integrar todas las posturas honestas)
Es nueva la importancia que se atribuye a las “minorías”. El proceso según el cual se llega a establecer una propuesta busca el acuerdo común de todos (inicialmente, incluso la
unanimidad). Un solo disenso hace que la propuesta deba ser reelaborada. Se cargan las tintas en el proceso de elaboración de propuestas en lugar de en la forma de decisión
Es nueva la ausencia de urgencias. Es el “vamos despacio porque vamos lejos” complementado (aunque no explícito) “y porque vamos muchos”. Es nuevo el “somos el 99%”
Es nueva la ausencia buscada de protagonismos personales y la ausencia de grupúsculos que se consideren (o sean considerados) “vanguardias” del movimiento
Es nueva la existencia de una posibilidad cierta de convivencia de reivindicaciones distintas (aunque no opuestas), de forma que unas complementan a otras y hacen sentir que en el
colectivo caben todas las que son defendidas por los de abajo, sin buscar un protagonismo especial por ninguna de ellas. El protagonismo surge espontáneamente y se ve como variable en el tiempo
Es nuevo el planteamiento de juntarse no solo con los que comparten mi visión de la vida y del mundo hasta la última coma, sino también con aquellos otros que, sin compartirla, la
respetan, a cambio, sólo, de que yo respete la suya

Es nueva la conciencia de no estar solo. Hay mucha gente que también pensaba lo que yo y a la que no conocía
Es nuevo, por fin y fundamentalmente; una manera de relacionarse de las personas, respetuosa, colaborativa (fraternal, dicen algunos), entre iguales y sin dobleces.

Y esas novedades (y otras para otras personas) han construido una mini-historia de un movimiento con sucesivos altos y bajos, como no podía ser de otra manera.

Son cumbres, desde mi punto de vista, al menos, el momento inicial de la acampada y la respuesta al desalojo de Barcelona, la jornada de reflexión en común y colectiva, las primeras asambleas, con una participación (en cuanto a número de asistentes y a intervenciones) absolutamente desconocida, la marcha de los “indignados” y su recepción por los barrios y pueblos de Madrid, la grandiosa manifestación del 15 de octubre, de convocatoria compartida y amplia respuesta. Y ya en barrios, en el nuestro, la jornada de objetivos, en cuanto a reflexión en común, la aparición de las mesas informativas, como mecanismo de llegar al barrio, la jornada de decrecimiento como inicio de una forma de llamar al barrio, el cine-forum, como profundización en la misma línea y la performance “zombi”, como primera actuación pública.

Por el contrario, el movimiento toca suelo, a mi modo de ver, en las convocatorias del 13N y el 19N, como síntomas de dispersión y falta de unidad al crear la propuesta (en oposición al
15 de octubre); la okupación del hotel, en cuanto aparición de una vanguardia que utiliza al grupo para apoyar sus acciones (proponiendo y decidiendo unos pocos por todos); la repercusión de esta okupación en el barrio, al que se coloca en la tesitura de decidir entre fondo y forma y al que se polariza; en conjunto, la forma de enfrentar el 20N, que nos separó
al poner por encima de los intereses comunes y compartidos algunos partidistas, llegando incluso a hacer propaganda de los partidos pequeños por el sólo hecho de serlo; la desaparición de las mesas informativas, como síntoma; las últimas asambleas de barrio, con enfrentamientos personales y pérdida del principio de búsqueda de un consenso (en oposición a las primeras); la aparición de un, al menos relativo, automatismo en la evaluación de las propuestas ajenas; la ausencia de un proceso de elaboración de propuestas propio de la asamblea; el difuminado de los resultados de la jornada de objetivos
(en oposición todas ellas a la jornada de objetivos).

Creo que es ilustrativo el propio discurrir de las asambleas. Inicialmente, en las primera asambleas, después de un debate las cuestiones se planteaban a consenso (que no a votación) en las que el personal expresábamos, en silencio, nuestro acuerdo, desacuerdo o ambigüedad (el gesto de lavarnos la cara que permitía que las iniciativas siguiesen su curso sin nuestra aquiescencia personal). A día de hoy, después de un pregunta desde moderación, si nadie alza la voz se presupone que todo el mundo acepta, continuándose con la pregunta ¿alguien radicalmente en contra?; no hay hueco para el “no comparto pero no bloqueo” sino que se polariza la cuestión entre los defensores y los radicalmente en contra en cada caso. No es más que un síntoma, pero me parece muy expresivo.

Después de todo lo anterior, parece claro que no hacer nada es caminar hacia un abismo; es mantener la apariencia de perseguir un objetivo imposible, cuando, en palabras de
Ortega y Gasset, “la búsqueda de objetivos imposibles conduce a la melancolía” y, entonces, melancolía era lo que hoy se denomina depresión. Es preciso hacer algo. Y obviamente, una opción para ese algo, a nivel personal, es abandonar el barco; decir adiós al movimiento. Respondería a la táctica vulgar de, en caso de ir mal las cosas, no ser el último en saltar (que es el que carga siempre con el estigma de la responsabilidad del
fracaso) En el otro lado se situaría la posibilidad de, en común con otros, intentar recuperar el espíritu perdido, de intentar inventar un nuevo modo de relacionarnos y de relacionarse con el mundo, de integrarnos todos en el famoso 99%, de crear opciones y propuestas y realizarlas. De invertir la tendencia que a mí me parece que hoy se está produciendo.

Pero, al menos yo, esto no lo veo viable por muchas razones, siempre personales. Como enumeración soy capaz de individualizar algunas:
Cuando hay quien percibe (y nadie desmiente) que existe un intento voluntario por parte de algunos (supongo que yo entre otros) de ocupar “cargos” y manipular la asamblea, es difícil
que sea posible llegar a un trabajo en común, en amor y compañía. La confianza se ha quebrado.

Se hace difícil trabajar en un ambiente en el que las normas de las que nos hemos dotado (aunque sean la mínima expresión de las normas) solo son de aplicación en los casos en que no molestan, en que no interfieren en la toma de decisiones conflictivas.  El hecho de considerar las normas fundamentalmente como una herramienta de defensa de lo “débil” (siempre es lo “fuerte lo que hace saltar las normas) conduce a que algunos pensemos que dedicamos más energía a la defensa de las propias normas (en un planteamiento que
parece puramente burocrático y que desde luego es frustante para el que lo mantiene) que al trabajo frente al enemigo común.

Es difícil sustraerse de la idea de que una de las causas
fundamentales de esta crisis ha sido la desaparición de las reglas en el ámbito político y económico (desregulación lo llaman algunos). La manifestación pública y sin contestación
de que las reglas están para ser saltadas no es un buen principio
Invertir una tendencia que ya se ha instalado en un colectivo implica mucho esfuerzo, muy superior al que es capaz de desarrollar una persona sola. Sería necesario un trabajo
colectivo y, para ello, la formación de una “tendencia organizada”, y esto, sea aprovechando algún elemento formal de la asamblea (grupo de trabajo o comisión, por ejemplo) o sea al margen de ellos, está en las antípodas de mi manera de entender una asamblea. El punto de debate e integración de propuestas debe ser la propia asamblea, no las células y la
forma en que se avanza condiciona más el resultado final incluso que las ideas que se defienden.

Una de las características que marcan la tendencia actual es la de acercarse cada vez más a una forma de amplificación de propuestas ajenas, en detrimento de la elaboración propia
de propuestas. Es indudablemente más eficaz adoptar propuestas ya elaboradas por otros (sean otras asambleas, sol, la apm u organizaciones “amigas”) pero eso convierte a la
asamblea en un puro lugar de votación, muy semejante a un parlamento (que no nos representa). Es no tener en cuenta que sólo es posible consensuar en el proceso de elaboración de propuestas; que en la toma de decisiones lo que hay es una votación y la posibilidad de “no lo comparto pero no lo bloqueo”. Incluso ya se expresa públicamente (y
nadie lo contradice) que es preferible conceder el protagonismo a las agrupaciones que tienen más años de historia y más experiencia, sin tener en cuenta que no es esa experiencia lo que ha traído el 15M. Nadie va a traer de fuera una manera de trabajar que profundice en la forma de elaborar las propuestas, que eso iría en contra de los actuales protagonistas. Individualmente no es posible modificar esto, al ser mucho más complejo el proceso que habíamos inventado que el de un simple automatismo de votación.

Es difícil integrarse en un grupo que ve el proceso de un modo muy distinto al tuyo, sobre todo teniendo en cuenta que lo que tú defiendes es algo que implica una buena dosis de reflexión, lejos de los mensajes cortos que están de moda Relacionada con la anterior característica hay otra que tiene que ver con el protagonismo y las vanguardias y que creo empezó a manifestarse cuando se produjo la okupación del hotel y esta se reflejó en la asamblea. Detecto un clima en el que parece que es de mal gusto no seguir el ritmo que algunos marcan. Hace falta incluso un poco de masoquismo para exponer algo que no esté en la línea de los más avanzados. Ya no vamos despacio porque vamos lejos ni somos el 99%. Vamos al ritmo que nos marcan y somos solo el 10% de los que éramos. No es fácil trabajar si lo que uno pone en cuestión es el liderazgo y considera que la alternativa no es otro liderazgo.

Creo que se podría seguir, pero no parece necesario. Cae por su peso que un intento de seguir participando de manera activa y manteniendo un mínimo de coherencia interna a lo único que podría contribuir es a promover una parálisis y una  división que no quiero, sobre todo porque puedo estar equivocado y pueden ser los que creen que el camino adoptado es
el correcto estén en lo cierto, aunque como figuraba en la portada de un libro, “hablando con propiedad no existe ninguna certeza, sólo hay gente que está segura”.

La única puerta que veo que no se cierra es la de dar un paso atrás y renunciar a la participación activa, manteniendo una cierta participación, pero pasiva. Participar en el proceso sólo como individuo. Dejar que otrxs se ocupen de lo (poco) que yo hacía en organización o en el grupo de economía o en algún grupo temporal. Dejarme llevar y cuando la corriente sea excesiva decidir si hacer algo o no, pero en cualquier caso, a título sólo personal. Dejar que sean otrxs los que se involucren en la forma de hacer las cosas y construyan el proceso. Acudir a aquello que considere que deba acudir, pero considerándolo
como algo a lo que me convocan, no algo a lo que convoco yo.

Proponer lo que sea, pero también a título sólo personal y sin compromisos de futuro con nadie más que conmigo mismo. Un planteamiento absolutamente egoísta, que ya no intenta ver el mundo con los ojos de la asamblea sino como persona individual.

La última cuestión que quiero tratar es la de aclarar quién es el destinatario de este texto,por si se suscitan dudas o se pretende utilizar en algún sentido “partidista”. En breve, el destinatario es la asamblea en su unidad y totalidad y en la que me incluyo (desde ahora, pasivamente), sin referencia a persona concreta alguna. Quiero dejar expresamente al margen a lxs compañerxs (y en algún caso amigxs, en tiempos en que a veces incluso se
percibe que es delito la amistad dentro de la asamblea, que en nombre de la fraternidad se denosta la amistad convirtiéndola en “grupos de afinidad”) con que he compartido organización y economía; esto que reflexiono ahora en voz alta quizá lo hubiera expresado antes si no hubiesen estado ellos. Mi único reproche a ellos sólo puede ser, si es que puede ser alguno, que han provocado, con su calidad humana, su generosidad en el esfuerzo y su calor, que esto que ahora (me) pasa no haya pasado antes. Es difícil dar un paso atrás dejándoos a vosotros delante, pero, me temo que es lo que hay. Gracias y perdón

Mariano. Retiro. Diciembre de 2011

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6 respuestas a #reinicia15M – UN PASO ATRÁS Y EPITAFIO (PARA MÍ MISMO)

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  3. Pablo dijo:

    Interesante, muy extenso, pensado y bueno. Pero creo que hay algunos importantes fallos. Las asambleas no son un ente perfecto y coherente. Las asambleas no se convocan a si mismas, alguien o algunos las convocan. Las asambleas en su formato presente no tienen una continuidad, nadie espera que de sesión en sesión se mantengan coherentes. Tampoco es necesario pues no tienen a funcionarios a su servicio.

    A las asambleas solo acudió inicialmente la gente que quería participar de eso y que gusta del debate, con el constriñente también de que soporte la idea de sociabilizarse con cualquier persona desconocida de otra clase social. Aspectos en parte no-inclusibilizables, que las asambleas obviamente no iban a esperar a “resolver”, pero que deben de ser tenidos en cuenta al analizar.

    Dejad de tratar a las asambleas como un fin en si mismo. Son una forma para organizar un debate horizontal.

    Falta añadir que lo nuevo también era que habia mucha gente. Que mucha gente que no había participado antes en historias de autoorganización social, pero le interesaben, vino.

    Y por último, te vas, como ser iría cualquiera, porque tu ratio de “utilidad” contra el de “esfuerzo” no te cuadra. Utilidad entendida personalmente y esfuerzo también en términos lo más variados posibles. La “utilidad” es algo que no hemos considerado mucho. Es dificil crear nuevas estructuras utiles, que mantengan ciertos principios, y de las que uno sabe lo que va a obtener con cada mes que pase. Muy dificil.

  4. pep dijo:

    De todas maneras, Mariano, “esto no se deja”, se lleva.
    No me parece justo lanzar epitafios porque uno esté en crisis.
    Si bien estoy de acuerdo con la reflexión me parece egocéntrico pensar que el movimiento
    se para porque uno no empuja.
    Comparto tu reflexión incluso el lado melancólico pero “esto” hay que levantarlo.
    pep

  5. pep dijo:

    Mariano, has dado en el clavo.
    Escribo desde Barcelona y por lo que he visto en varias asambleas, todas adolecemos de los
    mismos sintomas.
    Dentro de 15 dias tenemos un encuentro de nuestra asamblea para replantearnos la situación y tus argumentos son muy valiosos para debatir.
    salut

  6. Hilda dijo:

    Que pasa?, deja que te cuente, déjenme que les cuente que las revoluciones nunca contó con el 99% nunca pasó ni pasará, haber si despiertan del sueño, la realidad es la única verdad, los que se quieren quedar en el camino que se vayan donde les guste, total se incorporarán al final como siempre, hoy los que piensan y saben lo que ocurre políticamente hablando seguiremos adelante, eso si nos deben las direcciones que han acopiando.

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