El agua que inventamos

Hay libros como hachas que rompen el mar de hielo que llevamos dentro*, hay libros-soplete que lo calientan hasta derretirlo, hay libros-chorro-de-agua-hirviendo, y hay libros como este y las lloviznas: suaves, con su propio tempo, pero que acaban calándote hasta los huesos.

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De alguna manera, me recuerda a El libro del desasosiego. Aunque el de Noelia Pena es más político y positivo. Político, en sentido amplio, el de una intimidad compartida que se está revolucionando.

Noelia piensa: “Lo verdaderamente revolucionario será apropiarnos del tiempo que necesitamos para pensar el tiempo”.

Desea: “Querer decirlo todo y tener la sensación de que todo ha sido ya dicho. En nuestra vigilia soñamos palabras incendiadas en lo oscuro. ¿De dónde brotarán esas palabras, hoy que los significados han sido neutralizados en el engranaje de la mercadoctenia? (…) Allá donde las palabras no llegan, allá aguarda siempre nuestro cuerpo”.

Desafía: “¿Podríamos hacer algo aún a riesgo de equivocarnos , pensar aún a riesgo de no saber con exactitud cuál sería el resultado? ¿Sería deseable un mundo sin mapas o el temor a perdernos nos sigue anclando a la orilla?”.

Y apuesta: “¿Y si no se trata de lanzarnos a un río, sino de inventarnos el agua que falta?”.

Ni es un mapa, ni una novela, ni un ensayo, ni un poema. Son anotaciones para el vuelo de un pájaro. Una toma de palabra para desarmar la palabra.

Aparecen redefiniciones, citas, anécdotas, imágenes, filósofos. Aparecen recuerdos y poetas. Aparece la precariedad y un único deseo: quemar el currículum.

Aparecen las plazas.

Aparece ella, tú, nosotros.

Garabateo una intuición: Creo que si cayese en manos de un futuro historiador o antropólogo, podría sacar petróleo sobre nuestros tiempos.

Y un elogio: Si cayese en manos de Rajoy, apenas entendería nada.


 *Franz Kafka
 
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Hacer poder, hacer política, en Podemos. Carta a los Círculos.

* Frente al dolor del mundo, surgen dos respuestas comunes: hacer poder o hacer política. Hacer poder es mirar el mundo como una lucha, en la que lo que el mundo es depende de qué grupo ha conseguido mayor poder frente a los otros. Hacer política es mirar el propio mundo y no dejar de mirarlo mientras decidimos y hacemos algo con él.

* Hacer poder se reconoce porque la prioridad siempre es hacer poder. Y lo que se hará con él siempre queda dos frases más allá. Casi nunca aparece en los propios debates, excepto como excusa para ganar poder. No es que se engañe, ni que haya un plan oculto, es simplemente que esta forma de hacer exige que siempre se tenga que hablar y pensar sobre el propio poder. El terreno siempre es un campo de batalla, las analogías siempre son militares, y el otro siempre es un enemigo.

* Hacer política se reconoce porque los protagonistas dejan de ser los que hablan, y pasa a serlo eso de lo que hablamos. También porque no se sabe lo que va a ocurrir, la situación siempre está abierta. Se abren debates y nadie sabe qué se va a decidir; hay votaciones y no se sabe qué va a ganar.

* La lógica de los viejos partidos es la del poder, no la de la política. En los debates tradicionales entre partidos no se hace política porque se trata únicamente de golpear, cuantas más veces mejor, al otro, el tema es lo de menos. En el parlamento no se hace política porque ya sabemos qué va a decir cada uno y qué se va a aprobar.
En el 15M, en las mareas, en la PAH, y en tantas otras experiencias que hemos vivido estos últimos años se hacía política. Por eso la palabra de todos valía lo mismo. Por eso importaban las ideas y no quién las proponía. Por eso los mítines desaparecían del juego y se multiplicaban los debates.

* La promotora de Podemos (Iglesias, Monedero, Errejón y la decena de personas a su alrededor) hace poder. La mayoría de los círculos hacen política.

* Cuando los círculos han preparado del orden de 400 textos para la Asamblea Ciudadana, y han pasado días intentando entenderlos, debatiéndolos, haciéndolos confluir, etc. han hecho política. Cuando la promotora ha diseñado el proceso y ha amenazado de tal forma que han acabado ganando sus textos prácticamente sin cambios, exactamente igual que si el anterior trabajo no hubiera existido, ha hecho poder. Cuando han dirigido los procesos a reafirmar su liderazgo, cuando el debate lo han reinterpretado como batallas, y a los que proponen como enemigos, entonces se han mantenido en la lógica del poder.

* La promotora hace poder siendo conscientes de que en esa batalla, donde los poderes dirigidos a mejorar el mundo siempre pierden, esta vez se puede ganar, gracias a lo que la gente ha hecho desde el 15M. Cuando salen en la televisión siendo más fuertes y listos que los otros, cuando organizan actos donde prima el que miles de personas les aplaudan, cuando lo importante es que en los debates internos, en las listas, en cualquier situación estén siempre ellos en la cabeza, siendo cada vez más fuertes, están haciendo poder, porque creen que esta vez pueden ganar.

* Su hacer poder resulta radicalmente distinto de lo que han hecho siempre los viejos partidos, porque en este caso sí hay una promesa, una esperanza, de usarlo para crear un mundo mejor cuando se conquiste. Sin embargo, la falla del hacer poder es, por su propia definición, ser siempre una promesa. En la lucha del poder siempre hay enemigos que ganar, que impiden centrarse en cambiar el mundo. Ahora, para la promotora, son los eurodiputados rebeldes, o IA, o lagente que quiere decidir sobre cosas que no sabe. Luego durante la campaña serán los otros partidos. Luego en el parlamento serán los poderes extranjeros o los lobbies económicos. Recordemos al presidente de Uruguay en la entrevista de Évole cuando este le preguntaba por qué no cambiaba ciertas cosas, y Mujica se reía y le decía “¿usted cree que un presidente puede hacer lo que quiera?”.

* La crítica de la lógica del poder hacia la lógica de la política es la ineficiencia.
Si el escenario es una lucha donde hay que acabar con el otro, es obvio que dudar sobre las cosas, mostrar que no tienes todas las respuestas y dejar que las vayamos encontrando entre todos, no ser una máquina de guerra, sino un debate abierto, sólo produce debilidad.
Sin embargo, si lo importante no es la batalla entre posiciones, sino el propio mundo que queremos cambiar, entonces la única eficiencia está en la política. Lo otro no es más que un juego que nunca acaba, centrado siempre en lo secundario, en los medios, y que ya sabemos que siempre olvida lo esencial.
La eficiencia sólo se define dentro de cada mirada, y en cada caso la opuesta es la que no sirve. Lo que importa es qué mirada elegimos.

* La supuesta debilidad de que el líder pueda no quedar siempre el primero, de que se vean debates y tensiones internas, de que el poder no esté realmente en manos de unos pocos como una máquina perfecta, podría ser la verdadera fuerza, al mostrar claramente a todos la autenticidad de lo que se hace, y la diferencia por fin real respecto a los demás partidos. Quizás perder de vez en cuando sea a la larga ganar.

* El hacer poder, que se presenta a sí mismo como el camino eficiente, es sin embargo incapaz de citar ejemplos del poder en los que nos queramos ver reflejados, en los que veamos que efectivamente funcionó y haya un camino que queramos imitar. Siendo además la del poder la lógica hegemónica, en la que de manera común tendemos a pensar y actuar todos, esta falta de ejemplos resulta todavía más esclarecedora. Su propia forma de medir las cosas la condena.

* Cuando se hace política, cuando los debates se vuelven sinceros y abiertos, cuando la democracia es real y las decisiones son de todos, sí se ve que los resultados son radicalmente mejores que cuando no es así. Hacer política demuestra su eficiencia cada vez que se usa. Que incluso al hacer poder se enarbole como banderas lo que se hace al hacer política (aunque sea de palabra y por detrás no se ponga en marcha) es una prueba más de que es el único camino que parece funcionar. Los detractores de la política son los primeros en disfrazarse de ella.

* En Podemos el rodillo del poder empieza a aplastar a la política. La ineficiencia de la lógica de poder se observa cada vez más: Si sus borradores de principios ganan no es porque tengan mejores propuestas que los de los demás, si mañana repitiéramos los procesos sin saber quién escribe cada texto probablemente perderían. Si van a estar a la cabeza de todas las listas no es porque entre los 200.000 inscritos sean justo ellos los más adecuados, sino porque realmente no hay una competición.

* Necesitamos hacer política real no por una cuestión ideológica, sino por pura eficiencia para el cambio. Porque sabemos que millones de personas pensando y decidiendo son mucho más sabias e inteligentes que una decena de personas. La gente de la promotora no ha pasado ningún tipo de proceso de selección para dirigir el cambio (ahora a posteriori pondrán en marcha uno que ya tienen ganado antes de empezar), nadie les ha elegido por saber más de nada, ni ser más fiables, ni nada parecido. Están ahí porque han sabido golpear bien en debates en televisión. Están ahí porque han sabido hacer que una organización atraiga a mucha gente con ganas de cambiar las cosas. Están ahí porque han sabido aprovechar el momento político y crear este partido.

* Las máquinas de guerra sirven para hacer la guerra, no para construir países. La promotora puede ayudarnos yendo a debates u organizando campañas de marketing para el partido, pero decidir lo que se debe hacer si se llega al parlamento, imponer sus decisiones a la voluntad de la gente, es un completo error.

* Pensar que crear un partido de cartón piedra, nuevo en su estética pero viejo en su forma de ser por dentro, acompañado de una campaña de shows televisivos, va a convencer tanto como para que una mayoría de la población le dé su confianza es subestimar a la gente. Esa misma gente cuyo altísimo nivel crítico ya hemos visto estos últimos años. Aplaudir debates y espectáculos no significa que se apoye un proceso, sólo significa que se aplaude un espectáculo.
Pensar que crear un partido que sea de verdad algo nuevo, de todos, hecho para jugar a otro juego, no va a ser capaz de generar la confianza y la fuerza de millones de personas que lo apoyen, es de nuevo subestimar a la gente.

* La lógica del poder, si no se hace nada para evitarlo, va a ser cada vez más fuerte en Podemos. Después de esta Asamblea Ciudadana, la sensación de ausencia de fuerzas para cambiar el rumbo será aplastante. Según nos acerquemos a las elecciones, la sensación de que ya no sea el momento será cada vez más bloqueante. Esto además estará unido al chantaje de la lógica de poder, según la cual cualquier debate o movimiento interno nos hará perder las elecciones.

* Sin embargo, si decidimos hacer política y elegir esa otra forma de mirar el mundo, cada movimiento dirigido hacia ello sólo nos hará más fuertes y creará más confianza en el proyecto.

* Que parezca que unos pocos tienen el control no se basa en nada más que en el que todos aceptemos que eso sea así. Una aceptación que consiste simplemente en que mantengamos esa mirada hacia arriba como si ellos fueran los que decidieran, como si ahí ocurrieran las cosas. Lo cierto es que el control realmente lo tenemos nosotros. Podemos será lo que todos queramos que sea. No porque nos dejen desde arriba, sino porque nos pongamos a hablar entre nosotros y lo decidamos. Tenemos la oportunidad de crear un partido político que por primera vez venga a hacer política, a crear un mundo mejor. Y con él y con la fuerza de millones de personas que puedan creer de verdad en él, construir un país que no duela. Está en nuestras manos.

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Episodio uno de Podemos: La batalla del silencio

No es raro que la metáfora central de Pablo Iglesias en la Asamblea Ciudadana tuviera que ver con el baloncesto, ni que algunos debates televisivos se centrasen en si habían conseguido llenar o no el Palacio de Vistalegre. En esta antigua plaza de toros, el Real Madrid y el Estudiantes han jugado muchos partidos, y el PSOE ha celebrado numerosos mitines hasta que, en 2011, canceló uno de Zapatero por miedo a no llenarlo. Si aquella cancelación fue un símbolo de final de ciclo, este fin de semana debía de ser el del comienzo de uno nuevo.

A los dos lados de la escalinata que sube al recinto hay dos toros, como en el Congreso hay dos leones. Hay también un equipo de seguridad que revisa las entradas y confisca los tapones de las botellas de agua. En las gradas hay ambientazo. La gente canta y hace la ola. Ha pasado más de una hora y aún no empieza. De pronto, un barullo. Algo pasa: está entrando Pablo Iglesias, rodeado de mucha gente, cámaras y simpatizantes; una chica le llega a tocar el culo, las gradas aplauden y cantan “A por ellos”.

A una amiga esto le recuerda cuando sacan a la Virgen del Rocío, y todo el mundo la intenta tocar, y vuelan niños de mano en mano para que estos puedan tocarla.

Iglesias empieza a hablar, pero hay problemas de sonido. Pablo hace una pausa y luego sigue hablando. Cuenta una historia sobre la selección española de baloncesto, y suelta la ya famosa frase: “El cielo no se alcanza por consenso, el cielo se toma por asalto”.

Está claro que esto es un estadio y estamos en una competición, y quizá el enemigo sea el equipo de EE.UU de baloncesto, pero para llegar a esa final antes tiene que vencer a enemigos más cercanos, a equipos más pequeños, a sus propios compañeros, a la imagen de sí mismo que tienen algunos amigos, a todo lo que él crea que pueda llevarle a la derrota en este juego de tronos, donde solo se puede ganar o morir*.

Distintos equipos salen a defender su propuesta de borrador ético. Monedero se pasa del tiempo estipulado, se escuchan algunos silbidos y un “árbitro, la hora”. Hay quien le hace una señal con los dos brazos. El señor mayor que se sienta a mi lado me pregunta por ese gesto. “Te estás enrollando”, le digo. “Pero es rollo del bueno, ¿no?”, me responde. Es uno de los muchos ultrafans que hay hoy aquí. Se vino en tren desde Barcelona y parece que estuviese viendo a los Rolling.

***

El plato fuerte es el domingo por la mañana, cuando se presentan los borradores organizativos. Hay expectación por las palabras de Pablo Echenique, a quien los medios le han presentado como el gran antagonista de Pablo Iglesias. El líder de Podemos había calentado el ambiente el sábado advirtiendo que aquellos cuyo borrador perdiese debían echarse a un lado.

Atención Spoiler: Capitán mandando callar a la grada.

Atención Spoiler: Capitán mandando callar a la grada.

El recibimiento a Echenique es aún más intenso y cálido que el de Iglesias: hay muchísima gente levantada y el aplauso es ensordecedor. Este Pablo se muestra más conciliador: “Creemos que Pablo [Iglesias] es el mejor portavoz”. Pero también dice: “Podemos no debe ni quiere parecerse a la casta”.

Teresa Rodríguez, eurodiputada y miembro de Izquierda Anticapitalista, entra más al trapo: “No hemos venido aquí a echarnos a un lado”.

Cuando bajan del escenario, Iglesias y Monedero acuden raudos a besar a Echenique. “El beso de Judas”, me dice un amigo por whatsapp.

Por el equipo de Pablo Iglesias sale Carolina Bescansa, respaldada, eso sí, por Iglesias. El aplauso es mucho más frío, más corto y con menos gente levantada. Parece que las bases se están revolviendo.

El portavoz de una de las propuestas dice: “No necesitamos un macho alfa. ¿Qué hemos conseguido con Felipe González, con Anguita, con Lenin, con Mao Tse Tung. Nada”. Y la oleada de aplausos sube muchos decibelios.

Cuando terminan las presentaciones, la gente pregunta a través de una aplicación móvil a los distintos equipos. Muchos piden que se pongan de acuerdo. La mayoría de las preguntas van para el equipo de Pablo Iglesias. Este sube al escenario, muy serio. Parece no gustarle nada eso de ir perdiendo al aplausómetro. Se coloca detrás del atril, mueve las manos hacia abajo como pidiendo calma y dice: “Os voy a desafiar.” Alguno se ríe. Y él lo corta: “No, no, ni pizca de risa. No quiero ni un solo aplauso a mi intervención. Vamos a demostrarle si somos capaces. Shhhhhhh. Vamos a demostrarle si somos capaces de no aplaudir a una intervención”.

El silencio es helador. Hay quien sigue aplaudiendo un poco al principio, pero es una gota en el océano de silencio que rodea al líder, mientras él sigue hablando: “Yo soy un militante, no un macho alfa, me pongo a las órdenes. Shhhhhhhh. Shhhhhhhhhhhhh. Me pongo a las órdenes de quien haya demostrado que cuenta con el apoyo de la mayoría.”

Y remata: “Silencio y muchas gracias”.

Nos vamos a comer con el estómago encogido.

***

El domingo por la tarde es mucho más relajado. Se van presentando los distintos borradores políticos.

La intervención más celebrada pone el acento en la clase obrera: “Compañeros, es necesario que organicemos grupos en los sindicatos para recuperar a estas organizaciones de la garra de los estafadores que la dirigen”.

La gente se pone de pie y canta “Sí se puede”.

Muchas de las preguntas finales van dirigidas a que Iñigo Errejón concrete su postura en torno a las municipales. Al principio se escurre. Después, advierte: “Donde lo viejo se haya comprado un traje nuevo se llame Ganemos o se llame como se llame, construiremos candidaturas municipalistas”.

Ya se va haciendo tarde. Se presentan las cinco resoluciones que más apoyos han recibido vía online: Educación, Anticorrupción, Sanidad, Vivienda y Auditoría de la deuda. Muchos de los que aparecen por allí les conocemos del 15M, de las distintas mareas, de la PAH. Siempre me gusta verles, pero como en las viejas películas de miedo, luego pienso: Ok, pero si estamos aquí todos dentro, ¿quién se ha quedado fuera vigilando la puerta?

La puesta de largo de Podemos termina con la intervención de un viejo luchador antifranquista, unas breves palabras de Pablo Iglesias, y el estadio entero cantando “La Estaca”.

Del techo penden de un hilo algunas palabras: Ciudadanía, Participación, Transparencia, Democracia, Derechos, Soberanía, Dignidad, Círculos, Futuro, Cambio. De hecho, penden de dos, pero hay una palabra en la que se ha roto un hilo y, por tanto, queda sujeta solo por el otro, también un poco desgastado. Se balancea. Podría caerse.

No perdemos de vista esa gran palabra blanca que baila sobre nuestras cabezas.

No voy a decir cuál.

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* “No es posible acabar con la violencia y el poder en sí mismos, tan solo cabe apropiarse de ellos y, neutralizando al resto de fuerzas y poderes, ponerlos al servicio de un determinado principio de legitimidad. Por así decirlo, no existe una legítima legitimidad sin poder, aunque sí puede existir durante siglos un poder poderoso sin legitimidad, he ahí el verdadero drama de la política. Los déspotas, los tiranos, los opresores, pueden conducirse a través del mero poder, porque pueden imponer el terror, gobernar a través del miedo, y proyectar principios de legitimidad adecuados a su causa (religiosos, tribales, identitarios, etc.) que apuntalen el ejercicio de su poder despótico. Sin embargo, no es posible para los justos, para los honrados, ser verdaderamente legítimos si no conquistan el poder.”

Pablo Iglesias en Ganar o morir: lecciones políticas en Juego de tronos.

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¿Por qué está muerta Jeanneth?

 

Comenzaba la primavera, cumplía Jeanneth treinta años y lo celebraron todos juntos comiendo en el campo, que estaba hermoso el 26 de abril de 2014.

Jeanneth trabajaba interna cuidando a un señor que ya no se vale por sí mismo. El hombre y su familia, igual que Jeanneth, estaban contentos con el trabajo.

Hace tres años Jeanneth hizo las maletas y vino a la ciudad para trabajarse un futuro mejor, con el que no podía contar en su ciudad.Janet

Los fines de semana y las vacaciones, como esta semana santa, Jeanneth pasaba todo el tiempo con los amigos. Este año se preocuparon, Jeanneth no se encontraba bien, vomitó, estaba cansada, le dolía la cabeza, no dormía y tenía las piernas hinchadas.

Cada fin de semana desde entonces era así, cuando no le dolía la cabeza era el estómago, el ojo, la tensión. No puedes seguir así, le decía su amiga.

A final de abril a Jeanneth se le puso un ojo muy rojo y su amiga se asustó, seguía encontrándose mal:

–       Vamos a urgencias

–       Espere, ya casi tendré los papeles.

–       Por favor, Jeanneth, vamos, tranquila. Nosotros estamos aquí, si le cobran demasiado, nosotros estamos ahí para ayudarla.

En esta ciudad todo el mundo sabe que desde hace dos años si vas al médico te lo cobran caro, dice un amigo de Jeanneth. Berta, hermana de Jeanneth, y Juana, su madre, lo explican por conferencia a través del ordenador:

–       Hablábamos varias veces a la semana.

–       ¿Por qué creen que Jeanneth no fue al médico?

–       ¡Porque te cobran! porque te llega luego una factura muy grande.

Pregunto a muchas personas aquí, todos me explican que no se va al médico porque luego te llegan a casa unas facturas tremendas, que no podrás pagar. Exactamente lo mismo que dicen los vecinos que se han quedado sin tarjeta sanitaria en cada barrio de Madrid.

Jeanneth fue al médico de atención primaria, a su médico, hace tres años, cuando tenía tarjeta. Luego ya no pudo ir más.

Los papeles de Jeanneth estaban por llegar, en la casa en la que trabajaba estaban deseando firmar el contrato laboral, como el que tienen las familiares y amigas que Jeanneth tiene en la ciudad, la mayoría cuidan a otras personas mayores y se sienten contentas con su trabajo.

El día de su cumpleaños, durante la comida en el campo, Jeanneth se encontraba mal, había vomitado una vez más y tenía mal aspecto. Su amiga P. estaba muy preocupada:

–       Vamos para Urgencias ahora mismito.

–       No, espere… Es que falta un mesecito ná más para mis documentos, apenas me den el resguardo, ¡vamos!

Fíjese que fui a la farmacia y me recetaron para la digestión, para la vista, me midieron la tensión, …

Jeanneth, como otras personas a las que les han quitado su tarjeta sanitaria, iba a la farmacia en lugar de ir al médico cuando se encontró mal. Nada de lo que le dieron allí le sirvió.

El día 23 de mayo de 2014 una amiga de Jeanneth decidió llevarla a las Urgencias del hospital, Jeanneth estaba muy mal, le dolía la mitad de la cabeza, veía borroso, casi no podía mirar al hablar, había vomitado y estaba suelta del estómago. Eso es lo que le explicó a un sanitario tras pasar por la recepción de Urgencias, donde le pidieron la tarjeta sanitaria que ya no tenía. Eran las seis y media de la tarde.

El guardia de seguridad dejó pasar a su amiga porque Jeanneth no veía bien y no podía estar sola.

–       Ella sólo decía a cada poco, ay, ay, ay…

Una hora después empezó a escupir en el suelo. Su amiga buscaba desesperadamente a alguien y pedía que atendieran a Jeanneth. A las ocho de la tarde Jeanneth casi no podía hablar y vomitó algo negro. La amiga siguió insistiendo, sólo consiguió que le entregaran una bolsa y le dijera que vomitar era normal.

Los amigos desde fuera del hospital le decían a su amiga que salieran de allí, donde no la atenderían. Había que buscar otro sitio.

–       Me duele mucho.

Jeanneth iba perdiendo la voz y no podía levantar la cabeza. Se quejaba duro y nadie les hacía caso allí dentro.

–       ¡Llevamos tres horas aquí dentro y mi amiga está muy mala!

–       Pues dígaselo al médico.

–       Aún no le ha visto ninguno.

–       Yo acabo de entrar y no sé nada.

Su amiga hablaba desesperada con los amigos de fuera,

–       ¡Sáquela de ahí! ¡Vamos a buscar otro sitio!

La amiga miró a Jeanneth, se asustó mucho al ver sus ojos vidriosos. Eran ya las diez y media de aquella noche.

Jeanneth ya no entendía lo que le decía su amiga que en un intento desesperado le pedía que colaborase para llegar hasta la puerta, consiguieron llegar a rastras. Una enfermera les impidió la salida

–       ¡¿A dónde se la lleva?!

Sentaron otra vez a Jeanneth. A las once de la noche el cuerpo de Jeanneth se giró y comenzó a convulsionar en el suelo de la sala de espera de las Urgencias del Hospital. La metieron en una camilla y se la llevaron aprisa.

En la UCI no pudieron hacer nada. Una doctora le explicó a su amiga que a Jeanneth se le había parado el corazón.

Jeanneth De Los Ángeles Beltrán Martínez agonizó hasta la muerte. Había cumplido treinta años, y no volverá a besar a su madre Juana.

La autopsia de Jeanneth revela que llegó al Hospital con los riñones muy deteriorados por una enfermedad cualquiera, para la cual hay tratamiento si hubiera podido ir al médico.

Los amigos y compañeros de Jeanneth, al igual que la gente de mi barrio a la que le han quitado la tarjeta sanitaria, tenían razón, si vas al médico te llega una factura enorme.

Lo que no saben es que esa factura, además de odiosa, es ilegal.

A casa de Jeanneth acaba de llegar la carta:

“Con relación a la asistencia que le fue prestada el día 23/05/2014, le rogamos que tan pronto le sea posible, nos aporte por correo, fax o personalmente en la SECCIÓN DE FACTURACIÓN A TERCEROS la fotocopia de la Tarjeta Sanitaria de la S. Social o Tarjeta Europea, ya que hasta la fecha no constan en su expediente.

Le informamos que, de no obtener contestación en el plazo de veinte días le pasaremos la factura a Vd., directamente.”

Ahora ya no van a poder pasarle la factura.

La UCI es muy cara, advertía una amiga de Jeanneth.

Con relación a la asistencia que le fue prestada.

La fotocopia de la Tarjeta Sanitaria.

Jeanneth era una mujer cristiana de corazón. Su Dios podrá perdonarles.

Nosotros quizás no.

 
 
El 1 de septiembre de 2012 entró en vigor el Real Decreto Ley 16/2012 por el que se niega el derecho a la atención sanitaria normalizada y pública a cientos de miles de personas en el Estado español, entre otras, a Jeanneth. Es el mismo Real Decreto que redefine por completo nuestro modelo de sistema sanitario y que supone el repago de medicamentos y de ciertas prestaciones sanitarias. Yo Sí Sanidad Universal es el lema bajo el cual vecin@s de cualquier barrio, sanitari@s y usuari@s nos hemos unido para luchar contra el Real Decreto de la infamia que ha matado a Jeanneth.
 
 
 
NOTA: Según el propio Real Decreto de exclusión sanitaria no se podrá facturar la atención sanitaria de urgencia a personas excluidas del nuevo modelo de aseguramiento. Cada vez que se hace, además de una vileza, se comete un acto ilegal.
 Cajas de JanetCarta de pago ilegal enviada al domicilio de Jeanneth.

 

 

 

 

 

 

Jeanneth y las cajas con sus pertenencias para enviar a su familia.               Carta de pago ilegal enviada al domicilio de Jeanneth.                              

 

Para que nuestra rabia y nuestro dolor no se conviertan en resignación, serán públicos y compartidos: Vigilia frente al Ministerio de Sanidad / Madrid Jue 10Jul 21h

 

 

 

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Todos los 15M que sus ojos no ven

No sé qué clase de ojos hay que tener para ver que el 15M sigue estando, siempre ha estado, nunca se fue. ¿Serán diferentes de esos otros ojos que ni lo vieron venir en mayo del 2011, ni lo veían cuando terminó la acampada, ni lo han vuelto a ver estos tres años, pero que ¡oh, milagro! vuelven a verlo tras el 25M con el crecimiento de Podemos y la caída del PPSOE.

Hace un año, en Sol, un guía japonés agitaba sus manitas hacia arriba para hacer ver a los turistas que fue allí donde se celebró aquella famosa acampada cuyas imágenes dieron la vuelta al mundo. Y los periodistas acudían a esa plaza para dar fe de que ya no quedaba ni rastro: solo un tío disfrazado de Bob Esponja y unos cuantos skaters. Aunque igual no miraban en la dirección correcta. ¿Harán los mismo los periodistas franceses?, ¿irán cada 14 de julio a la plaza de la Bastilla para decir que allí ahora solo hay coches, que ni rastro de la Revolución francesa ha quedado en el mundo?

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Desde dentro, a veces, tampoco es fácil ver. Por eso, a veces viene bien que alguien te saque un poco la cabeza del día a día y te obligue a contar qué es lo que ves. Por ejemplo, una amiga francesa que pasó un tiempo en Madrid, y ahora a veces me pregunta que sucede por aquí. Esto le escribía yo unos meses atrás:

“No sé muy bien cómo explicarte porque todo es cada vez más complicado. No hay algo grande que lo una todo, sino muchas pequeñas luchas. Eso sí, la última huelga de educación fue muy grande, de momento se ha conseguido paralizar la privatización de la sanidad en Madrid y se siguen parando muchos desahucios y ocupando edificios enteros para las familias, cada vez hay más comedores populares y mercados de intercambio de libros de texto, cooperativas, etc.. Pero el gobierno sigue utilizando su poder de forma muy fuerte: se reducen los salarios, las pensiones, sube el desempleo, quieren aprobar una ley policial y judicial con mayor represión… Y muchos están desanimados y cada vez más gente (sobre todo jóvenes) está emigrando. No es Grecia, cada país es diferente, pero siento que estamos un poco más cerca.. Lo bueno es que la extrema derecha no está consiguiendo subir, espero que siga así..

La gente está cada vez más enfadada con el PP y el PSOE, con el rey, con los bancos, etc, pero no ven que haya una alternativa real, ¿seremos capaces de generarla?

Creo que nos esperan años duros, pero interesantes, ¡espero que más lo segundo que lo primero!”

Mientas tanto, ella me contaba que en Francia la gente primero depositó todas sus esperanzas en Hollande (pienso en Zapatero) para echar a Sarkozy (más o menos de la misma altura que Aznar), pero que la gente se decepcionó con él y muchos están tan enfadados que ahora están votando a Le Pen.

¿Porqué será que aquí no ha arraigado el discurso de la extrema derecha, del todos contra todos, del inmigrante culpable, del hemos vivido por encima de nuestras posibilidades? La respuesta puede que esté en lemas como “No es una crisis, es una estafa”, los escraches a políticos, y procesos como el “15MpaRato”.

¿Sin el 15M hubiesen surgido iniciativas tan colectivas como Yo Sí Sanidad Universal o las distintas Mareas?, ¿serían tan fuertes luchas vecinales como la de Gamonal, Álcazar de San Juan, las Corralas o Can Vies?

Las vidas que ha seguido atravesando son innumerables. Cuando un grupo de mujeres, cinco madres (una de ellas embarazada), dos abuelas y ocho menores, deciden liberar un edificio en pleno centro de Madrid como el de “Las Leonas” para vivir allí juntas, y una de las madres le dice a su hija “deja ese chocolate en el montón común, que a partir de ahora todo es de todos” es un buen síntoma de que han arraigado las soluciones colectivas en problemas que antes se veían individuales.

Si tuviera que enviar otro mensaje a mi amiga francesa tendría que contarle también qué es eso de los partidos nuevos como el Partido X o Podemos. Una de las novedades de estas elecciones es que mucha gente ha debatido antes su voto con otros: nos preguntábamos si había qué votar o no, y a quién y porqué, en el caso de querer hacerlo, como si el compartir ideas colectivamente nos ayudara también a pensar. La jornadas de reflexión, inauguradas tres años antes con ese grito mudo, serán colectiva o no serán.

La curiosidad me arrastró a ver los resultados de las elecciones europeas en la plaza del Reina Sofía, en una pantalla gigante que había puesto Podemos. De nuevo, en una plaza, con alguna gente que había conocido estos tres años, cantando el “Sí, se puede”, con una ilusión que recordaba al 15M, pero luego algunos cánticos extraños: “Que sí, que sí nos representan”, “¡Presidente, presidente, presidente!” Y luego un mitín, con cántico de la guerra civil incluido.

El 15M no solo ha tenido mutaciones inesperadas, sino que parece haberse apareado también con criaturas de distintas formas: algunas muy nuevas, otras algo más viejas. Quien piense que esto es el punto de llegada, que se frote de nuevo los ojos. Parece que seguirán las mutaciones, los saltos adelante o al vacío, los experimentos, la vida haciéndose paso.

La táctica para matar a un enemigo disperso es concentrarlos en un punto para darles el golpe definitivo, como hicieron con los gremlins, llevándolos a un mismo cine para luego quemarlo. Que el 15M siga abierto, y moviéndose dentro, fuera, por todos los lados, y no en un solo punto, significará que seguirá vivo.

¿Y si no se ve?

Los corresponsales de guerra dicen que no hay que tener miedo de los disparos que se escuchan, porque eso significa que son balas que ya han pasado, sino de las que ni se oyen ni se ven, las balas invisibles, porque esas son las que pueden darte.

Que se lo digan si no a aquel ministro de Interior que se llamaba Alfredo Pérez-Rubalcaba. Era 15 de mayo de 2011, y en Callao había un charco de sangre por las cargas policiales que él mismo ordenó tras la protesta pacífica de aquella tarde. Después, llegaron las acampadas. En la jornada de reflexión le pregunté a un periodista que seguía al PSOE si estaban muy preocupados por todo aquello. Nada -me dijo- están entretenidos con los sondeos, lo de Cataluña, sus cosas… Yo no me lo podía creer. ¿Tan encerrados estaban en su búnker? ¿de verdad eran tan ciegos? Tres años después, el PSOE se hunde en aquel charco y ahoga al entonces todopoderoso ministro.

Ese charco, esa agua estancada, es cosa suya. Lo nuestro es más río o marea o lluvia que cala poco a poco. Ese hilo invisible que une el entonces y el ahora no es lineal, es más bien una madeja que recorre acontecimientos, palabras y cuerpos.

Pero que ellos sigan con sus ojos.

Nosotros, desde aquel 15M, vemos mucho más allá.

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Lagente

Entre las tinieblas del mundo se esconde una bestia mítica capaz de acabar con la sociedad, una bestia llamada Lagente. Lagente surge cuando un grupo grande de personas entra en contacto directo o realizan juntos alguna actividad, por ejemplo acercarse a unas urnas electorales. En ese momento la transformación ocurre y quien vota ya no son personas, es Lagente.
Es el mismo tipo de criatura demoníaca que Jekyll y Mr Hyde, o los hombre lobo o los Transformers. Uno va tan tranquilo pensando que eso es un Audi inocente, y de repente ¡bam! ahí tienes a Optimus Prime a punto de arrasar la ciudad.

Lagente no piensa, y tiene una obsesión irrefrenable por hacer el mal. De todos los impulsos y pasiones de las personas que la forman, sólo conserva las que producen violencia, corrupción y a ser posible violaciones de derechos humanos. En el caso de las votaciones, por ejemplo, Lagente está ansiosa por aprobar en cuanto pueda la pena de muerte, o por votar exactamente y sin cuestionar lo que digan en nosequé programa de televisión (cuya naturaleza demoníaca, por otro lado, ya es de sobra conocida). Por eso nos gustan por ejemplo los líderes, porque aislados en sus alturas lejos de los demás, es obvio que ellos no son Lagente.

En general estamos a salvo gracias a los arquitectos, que diseñan casas aisladas unas de otras donde pueden vivir pocas personas, o bares pequeños para poder tomarse unos chopitos en paz (las discotecas grandes son sin embargo más el mal). En esos espacios uno puede hablar tranquilamente con otro y observar que el otro piensa, tiene sus razones, sus motivos; a veces dice tonterías, pero en general lo que dice y hace es como bastante normal. Ahí está precisamente el peligro, no nos damos cuenta de que son precisamente ellos, el vecino del quinto, tu compañero del trabajo o cualquiera de tus amigos, los que componen Lagente. ¡Que aunque parezcan muy normalitos, en cualquier momento se pueden transformar en la bestia! Algunos creen que por algún azar cósmico les ha tocado vivir rodeados de personas especiales, diferentes a los demás, ¡insensatos! ¡esos son los primeros en ser Lagente!

Me avergüenza tanto reconocerlo, pero a veces incluso yo mismo he sido… no sé cómo ha ocurrido, ni siquiera he sentido algo especial, pero de repente he oído a personas opinar sobre algo que estaba haciendo con otros, y referirse a nosotros como… es tan terrible ¡Lo siento! ¡Cómo iba a pensar que yo también podía ser Lagente!

Hago un llamamiento desesperado a los gobiernos del mundo para que nos protejan de Lagente. Que prohiban las manifestaciones, los referendums, los botellones, twitter,… Que nos guíen los expertos, los líderes, los tertulianos, todos esos que sabemos que no son Lagente, que construyan por nosotros sociedades razonables donde poder vivir en paz. Si Lagente acaba imponiendo su voluntad, no quiero imaginar el mundo en el que podríamos vivir…

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#VotaCabrón

VOTACABRON

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